Pablo Trejo Pérez.
El Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC) ha presentado el estudio 3 Dilemas. Un diagnóstico para el futuro energético de México. Dicho documento constituye un preámbulo perfecto para lo que se debe debatir en septiembre, cuando el Ejecutivo presente la llamada Reforma Energética. Según CIDAC hay tres escenarios que se deben contemplar en esa reforma: la revolución norteamericana del shale oil y el shale gas; la simbiosis entre Pemex y el Estado mexicano; y los riesgos de concentrar la inversión sólo en petróleo.
La revolución del shale vino a cambiar el panorama petrolero mundial al incrementar sustancialmente las reservas de hidrocarburos de los países de Norteamérica. México aún desconoce el alcance de las reservas de gas y aceite que puedan estar en nuestro subsuelo, pero se tiene un estimado de 681 billones de pies cúbicos de gas natural y 13 mil millones de barriles técnicamente recuperables de shale oil. México podría sumarse a la explotación de este recurso para aprovechar sus ventajas en gas natural o en el mismo petróleo, pero con independencia de qué decida hacer el Estado mexicano con estos recursos, la estrategia de exportación de nuestros hidrocarburos debe ser revisada debido al cambio en el volumen de producción petrolera de los Estados Unidos.
Es peligroso suponer que los estadounidenses continuarán comprando el mismo volumen de petróleo mexicano y que los precios se mantendrán eleva dos, compensando así la caída en los ingresos petroleros del gobierno, derivados de una menor producción que hace una década. En este contexto internacional, México debe discutir una reforma energética que garantice su seguridad si no quiere pasar de ser un exportador a un importador neto de energía.
El documento es interesante, pues pretende ir más allá de la coyuntura y abordar también el terreno simbólico: la reforma energética en nuestro país tiene que contemplar soluciones a la simbiosis existente entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y el Estado postrevolucionario y la encrucijada ideológica sobre la posible asociación de la paraestatal con empresas privadas en la exploración y explotación de los hidrocarburos. Estos problemas son consecuencia de haber privilegiado a la industria petrolera como principal motor del desarrollo nacional y sostén de las finanzas públicas.
De este modo se generó un organismo faraónico, que explota casi toda la cadena productiva del petróleo y del gas, debido a un régimen jurídico restrictivo, y con un exceso de trabajadores contratados, derivados de la alianza política sempiterna entre el PRI y el sindicato petrolero. Finalmente, se abordan los factores para que el país acceda a las fuentes de energía de forma eficiente, permitiendo así un mayor crecimiento económico. Para alcanzar este objetivo, el país debe considerar todos los mercados energéticos, desde luego el del petróleo, pero también el del gas natural, la electricidad, y las energías renovables.
La insuficiente infraestructura de ductos en el mercado de gas natural ha generado problemas de desabasto que hicieron crisis en 2012, evitando un uso más eficiente del combustible por parte de los industriales y repercutiendo en el sector eléctrico al elevarse los costos de producción. Esto último es delicado en un país en el que las tarifas eléctricas son de las más altas de la OCDE. En ese sentido, CIDAC alerta de una urgencia: la transición hacia las energías más limpias es imperativa si México ha de cumplir con los compromisos contraídos en materia de cambio climático.
*Doctor en Administración Pública. Especialidad en Finanzas Públicas.
Profesor en Economía en la UNAM.
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