jueves, 4 de agosto de 2011

A los ricos en realidad no les importan los pobres

Por Carl Pope

Gastamos demasiado tiempo y energía preocupándonos de la supuesta división global entre norte y sur, países ricos y países pobres. En realidad no existe. La verdadera brecha que se abre en el planeta es entre las élites y la clase media de algunos Estados, y la base de la pirámide, en todas partes.

Los cuatro ciudadanos más ricos del mundo —Carlos Slim, Bill Gates, Warren Buffett y Mukesh Ambani— tienen más en común entre ellos de lo que tienen con el estrato inferior de la población de sus respectivos países. No obstante, sí manejan su riqueza de forma diferente. Gates y Buffett están entregando la mayor parte, Ambani se acaba de construir la casa más cara del mundo y Slim está en algún lugar entre medias. Pero los cuatro   pueden contar con que los gobiernos de sus países se van a ocupar primero de sus necesidades. La preservación de esa clase de jerarquía social es una presunción no escrita a la hora de decidir qué soluciones a los problemas del mundo se ponen sobre la mesa y cuáles no.

Muchos han señalado que los países cuyos límites casualmente incluyen grandes depósitos de petróleo, diamantes, maderas tropicales o algún otro artículo valioso tienden a tener poblaciones miserables que sufren la pobreza y la violencia —la maldición de los recursos. Pero educadamente pasamos por alto que por cada país que sufre esta situación, hay una cleptocracia que disfruta de la bendición de los recursos. Con raras excepciones, como Sudán, aquellos que saquean la riqueza de sus países son aceptados en las altas cumbres de la sociedad global.

India, justificadamente, acude a las negociaciones sobre cambio global para alegar que tiene cientos de miles de pueblos que no cuentan con ningún acceso a la electricidad y que Estados Unidos y Europa no pueden razonablemente decir, "Bien, dada la crisis del clima, esos pueblos simplemente van a seguir a oscuras". Esa realidad atrae mucha atención. Pero la otra realidad es que India dedica una parte muy pequeña de sus inversiones en energía a conseguir luz para esos pueblos, mientras invierte considerablemente más en mantener encendidas las farolas de la calle de Ambani. De hecho, los pobres pagan el 20% de la factura de la luz del planeta —y a cambio reciben sólo el 0,1% de estos servicios en el mundo.

Nosotros escribimos y hablamos con sospechosa elocuencia sobre el creciente énfasis de nuestras economías en el "conocimiento", pero raramente nos paramos a considerar la realidad de que una sociedad basada en el conocimiento hace mucho más fácil dejar atrás a gran parte de la mano de obra. Los cultivadores de café de Uganda reciben por su café sólo un 2,5% del precio de venta británico y un 4,5% del estadounidense. Unos pocos céntimos añadidos a una taza de café o a una cesta de fresas cubrirían los costes de doblar o triplicar los salarios de los campesinos que los cultivan. Pero si subiéramos los precios en la actual economía mundial, el aumento sería absorbido no por los cultivadores sino por los márgenes de beneficio de quienes se ocupan de la comercialización, la venta al por mayor o la venta al por menor.

Los inversores y trabajadores del conocimiento que se benefician de esta cadena global de la oferta tienen mucho más en común entre ellos de lo que tienen con los cultivadores de café que suministran al Starbucks de la esquina. Enriquecerlos significaría rebajar el estatus y la riqueza de banqueros, distribuidores y anunciantes —y ellos tienen todo el poder en sus manos.

Juntos, Slim, Gates, Buffett y Ambani controlan más riqueza que los 57 países más pobres del mundo. El peligro es que mientras que tenemos una economía global que sabe cómo concentrar el dinero y el poder en un conjunto de manos cada vez más pequeño, no poseemos ningún mecanismo sólido que nos alerte de las injusticias, peligros e inestabilidad que vienen con este paquete. Algún día, para nuestro propio riesgo, los pobres encontrarán su propio modo de recordárnoslo.

Semana política




Síntesis GALMA


4 de agosto, 2011
 
¡Hola!  Adjuntamos los sucesos más interesantes de esta semana.


  1. La Bicefalia en el Congreso.
  2. Maestros Deficientes.
  3. Michoacan define posiciones


LA BICEFALIA DEL CONGRESO. Se dice que el Congreso es el órgano que tiene Facultad de legislar y de proponer cambios sustantivos a las leyes que, por cuestiones del mundo en el que vivimos, ya están desfasadas. En el sistema político mexicano, asistimos a una cuestión inédita en este supuesto: la disputa entre el Senado y la Cámara de Diputados. Hay varios ejemplos de ello.  La crisis de seguridad y el combate a la delincuencia, obliga por un lado a no bajar la guardia, a fortalecer los mecanismos de coordinación, a dar certidumbre y marco legal a las acciones de las fuerzas armadas, así como herramientas jurídicas a los sistemas de inteligencia, cuyo enfoque principal consiste en mermar las estructuras financieras de las organizaciones criminales. En la parte económica, sin duda uno de los avances esperados desde hace décadas es la reforma en materia laboral, legislación añeja y anacrónica, completamente rebasada pues ya no responde a los estándares modernos; al tener más de cuarenta años de antigüedad. Esta normatividad se ha convertido en un dique que impide impulsar con el dinamismo necesario una política de mayor eficacia en la creación de empleos.Aunado a lo anterior, en la transformación del sistema político es indispensable contar con reglas más claras en materia electoral, con un Instituto Federal Electoral completamente integrado, que brinde mayores facultades a la participación social, tanto de candidaturas independientes como a las consultas ciudadanas, incentivos vinculados con la reelección legislativa, mejorar la rendición de cuentas y estimular el combate a la corrupción. Curiosamente, casi podríamos afirmar todos los legisladores estarían  de acuerdo en los planteamientos anteriores e inclusive son conceptos recurrentes en los discursos cotidianos de la clase política. El Senado ha ratificado las siguientes leyes: Ley de Seguridad Nacional, Ley Contra el Lavado de Dinero, Ley Anticorrupción, reformas a la Ley Electoral y reformas constitucionales en materia del sistema político mexicano, mismas que están ya en a la Cámara de Diputados. Lo lamentable del asunto, se constriñe a la poca o nula voluntad de la Cámara baja. Especularon sobre un posible periodo extraordinario para apoyar al país en esos rubros, simplemente fue retórica, se los solicitó el Presidente de la República, los Senadores, lo ha reclamado la sociedad civil por conducto del Movimiento por la Paz y por respuesta, como la canción: "a todos diles que sí, pero no les digas cuando".

MAESTROS DEFICIENTES. Esta semana se han conocido los resultados de la Evaluación Universal de Docentes y Directivos en Servicios de Educación Básica, conforme el del Acuerdo para la Evaluación Universal de Docentes y Directivos en Servicio de Educación Básica, que el pasado 31 de mayo estableció un esquema de evaluación universal obligatorio. La Secretaría de Educación pública jsutificó esta evaluación argumentando que el sistema educativo necesita que todas y todos los maestros, pertenezcan o no a Carrera Magisterial, estén en escuelas públicas o privadas, se evalúen para que cuenten con un diagnóstico puntual que les permita conocer cuáles son sus fortalezas y en qué áreas necesitan formarse y actualizarse. La Evaluación Universal tomó en cuenta como factor especialmente relevante el aprovechamiento escolar de los alumnos. Un elemento novedoso fue el de los estándares de desempeño en el aula: que calificarán, la manera en que los maestros planean su clase, diseñan sus estrategias didácticas, utilizan los recursos didácticos a su alcance, manejan a su grupo, dan atención diferenciada a alumnos rezagados o a los alumnos sobresalientes.  Los resultados de esta Evaluación fueron, cuando menod patéticos: la Secretaría de Educación confirmó que solamente el 3% de los 135 mil 245 docentes que aplicaron para obtener una plaza, son contratables. En t+erminos del desempeño de los maestros en las aulas encontramos que la información oficial reveló que cerca del 60% los maestros obtuvo un estandar de calidad del 5.91% por ciento. Ante esta la pregunta de cómo mejorar la educación en México, la respuesta de "con mejores maestros" queda todavía muy lejos. Había que preguntar también al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación por su responsabilidad en estos resultados. En el fondo, suponer que tenemos una educación de calidad es desconocer la realidad nacional: el propio secretario de Educación reconoce la deserción de quienes acuden a la secundaria y preparatoria. Ahí, parece, tenemos un grave problema de desarrollo

 

 

MICHOACÁN DEFINE POSICIONES. María Luisa Calderón salta uno de los principales obstáculos en su carrera por la gubernatura del Estado. Los panistas eligieron, el reto lo tiene la candidata por el Soleo de Ocampo, y la responsabilidad el líder del blanquiazul y todo el cuadro directivo de ese partido. Lleva buen camino andado LA COCOA, la campaña interna le dio el panorama real del esfuerzo para  conseguir un voto y las luchas de partidos en todo el Estado. Se tuvo que haber enfrentado, o dado cuenta, que son muchos los intereses por ganar las elecciones el próximo noviembre. No hay duda que ella representa una línea de derecha, como ha sido su convicción, su militancia y su plataforma, con los principales postulados panistas que, aunque se haya tratado de una elección interna, los mismos han vuelto a ser escuchados por la militancia. La tarea, no menos ardua, será conformar cuadros, abanderar la línea de la honorabilidad y contar con expertos en campañas conocedores de nuestra entidad y don de gentes. En este caso el perdedor tendrá el tiempo suficiente para alinearse, para las negociaciones, para no truncar su carrera política, para conciliar ese cuarenta en favor de la COCOA, para recibir llamadas de quienes desearían aprovechar su liderazgo, su fuerza política en el Estado. Habrá tiempo suficiente para que él analice y saque su propias y convincentes conclusiones.

 

El PRI levantó la mano de FAUSTO VALLEJO FIGUEROA por conducto de su líder nacional, HUMBERTO MOREYRA, y ante la presencia de los ex gobernadores de ese Partido y de nutrida concurrencia, para que sea el candidato oficial para la contienda por gobernador de nuestro Estado. Hay que reconocer las estructuras de ese Partido que, hoy, ha resucitado y con la convicción de que el próximo gobernador será el ex alcalde de Morelia. También hay que tomar en cuenta que los priístas del país estarán pendientes de cada paso que del candidato, y apoyando, en varios distritos, a FAUSTO. Un preámbulo a las elecciones del 2012 en que irán con todo para regresar a Los Pinos, para no defraudar las predicciones del ex presidente FOX, que el PRI regresará. Los pasos a seguir, sin duda, serán elegir a quienes contiendan para presidentes municipales, para diputados; las campañas de los mismos favorecerán, en votos, al candidato a gobernador, aún más si unifican su discurso de campaña, que se aleje de promesas, que hablen con la actual realidad; que conozcan los problemas de educación, los reales; que calculen el presupuesto y sepan para lo que les alcanza. Que den datos actualizados del problema del campo y se asesoren para que, en conjunto con los agricultores, pongan el dedo en la llaga. El discurso de campaña debe, en estos momentos, de modernizarse y como lo han hecho, no seguir las huellas del pasado, la revolución ya quedó atrás.

 

El PRD hace rato que tiene candidato. ¿Cuál va a ser el futuro de SILVANO AUREOLES? A nadie le cabe la menor duda de que ha trabajado, desde que llegó al Senado se ha preparado para ser gobernador. Pero no se llega solo, sobre todo en ese partido del que todos esperan no ser desamparados. Si bien es cierto que llegó por la vía de la unidad, lo que quiere decir que eran pocos los que calificaban, tiene ardua tarea por delante para que las diferentes corrientes, las de peso, estén con él. La primera interrogante sería: ¿los Cárdenas estarán con él en la campaña? Un candidato tiene a su favor, al menos es un alto porcentaje, la acción, léase resultados, de su Partido; para el caso del gobernador. La calidad moral, integridad del candidato; a ello hay que sumarle la aceptación ciudadana y la fuerza de su Partido. Si en AUREOLES se dan los tres requisitos, pues llega al cargo sin tomar en cuenta las contingencias. Por lo pronto Convergencia ya se sumó.

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martes, 2 de agosto de 2011

La crisis ideológica del capitalismo

Por Joseph Stiglitz (*)


Tan sólo unos años atrás, una poderosa ideología la creencia en los mercados libres y sin restricciones llevó al mundo al borde de la ruina.

Incluso en sus días de apogeo, desde principios de los años ochenta hasta el año 2007, el capitalismo desregulado al estilo estadounidense trajo mayor bienestar material sólo para los más ricos en el país más rico del mundo. De hecho, a lo largo de los 30 años de ascenso de esta ideología, la mayoría de los estadounidenses vieron que sus ingresos declinaban o se estancaban año tras año.

Es más, el crecimiento de la producción en los Estados Unidos no fue económicamente sostenible. Con tanto del ingreso nacional de los EE.UU. yendo destinado para tan pocos, el crecimiento sólo podía continuar a través del consumo financiado por una creciente acumulación de la deuda.

Yo estaba entre aquellos que esperaban que, de alguna manera, la crisis financiera pudiera enseñar a los estadounidenses (y a otros) una lección acerca de la necesidad de mayor igualdad, una regulación más fuerte y mejor equilibrio entre el mercado y el gobierno.

Desgraciadamente, ese no ha sido el caso. Al contrario, un resurgimiento de la economía de la derecha, impulsado, como siempre, por ideología e intereses especiales, una vez más amenaza a la economía mundial o al menos a las economías de Europa y América, donde estas ideas continúan floreciendo.

En los EE.UU., este resurgimiento de la derecha, cuyos partidarios, evidentemente, pretenden derogar las leyes básicas de las matemáticas y la economía, amenaza con obligar a una moratoria de la deuda nacional. Si el Congreso ordena gastos que superan a los ingresos, habrá un déficit, y ese déficit debe ser financiado. En vez de equilibrar cuidadosamente los beneficios de cada programa de gasto público con los costos de aumentar los impuestos para financiar dichos beneficios, la derecha busca utilizar un pesado martillo no permitir que la deuda nacional se incremente, lo que fuerza a los gastos a limitarse a los impuestos.

Esto deja abierta la interrogante sobre qué gastos obtienen prioridad y si los gastos para pagar intereses sobre la deuda nacional no la obtienen, una moratoria es inevitable. Además, recortar los gastos ahora, en medio de una crisis en curso provocada por la ideología de libre mercado, simple e inevitablemente sólo prolongaría la recesión.

Hace una década, en medio de un auge económico, los EE.UU. enfrentaba un superávit tan grande que amenazó con eliminar la deuda nacional. Incosteables reducciones de impuestos y guerras, una recesión importante y crecientes costos de atención de salud impulsados en parte por el compromiso de la administración de George W. Bush de otorgar a las compañías farmacéuticas rienda suelta en la fijación de precios, incluso con dinero del gobierno en juego rápidamente transformaron un enorme superávit en déficits récord en tiempos de paz.

Los remedios para el déficit de EE.UU. surgen inmediatamente de este diagnóstico: se debe poner a los Estados Unidos a trabajar mediante el estímulo de la economía; se debe poner fin a las guerras sin sentido; controlar los costos militares y de drogas; y aumentar impuestos, al menos a los más ricos. Pero, la derecha no quiere saber nada de esto, y en su lugar de ello, está presionando para obtener aún más reducciones de impuestos para las corporaciones y los ricos, junto con los recortes de gastos en inversiones y protección social que ponen el futuro de la economía de los EE.UU. en peligro y que destruyen lo que queda del contrato social.

Mientras tanto, el sector financiero de EE.UU. ha estado presionando fuertemente para liberarse de las regulaciones, de modo que pueda volver a sus anteriores formas desastrosas y despreocupadas de proceder.

Pero las cosas están un poco mejor en Europa. Mientras Grecia y otros países enfrentan crisis, la medicina en boga consiste simplemente en paquetes de austeridad y privatización desgastados por el tiempo, los cuales meramente dejarán a los países que los adoptan más pobres y vulnerables. Esta medicina fracasó en el Este de Asia, América Latina, y en otros lugares, y fracasará también en Europa en esta ronda. De hecho, ya ha fracasado en Irlanda, Letonia y Grecia.

Hay una alternativa: una estrategia de crecimiento económico apoyada por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. El crecimiento restauraría la confianza de que Grecia podría reembolsar sus deudas, haciendo que las tasas de interés bajen y dejando más espacio fiscal para más inversiones que propicien el crecimiento. El crecimiento por sí mismo aumenta los ingresos por impuestos y reduce la necesidad de gastos sociales, como ser las prestaciones de desempleo. Además, la confianza que esto engendra conduce aún a más crecimiento.

Lamentablemente, los mercados financieros y los economistas de derecha han entendido el problema exactamente al revés: ellos creen que la austeridad produce confianza, y que la confianza produce crecimiento. Pero la austeridad socava el crecimiento, empeorando la situación fiscal del gobierno, o al menos produciendo menos mejoras que las prometidas por los promotores de la austeridad. En ambos casos, se socava la confianza y una espiral descendente se pone en marcha.

¿Realmente necesitamos otro experimento costoso con ideas que han fracasado repetidamente? No deberíamos, y sin embargo, parece cada vez más que vamos a tener que soportar otro. Un fracaso en Europa o en Estados Unidos para volver al crecimiento sólido sería malo para la economía mundial. Un fracaso en ambos lugares sería desastroso incluso si los principales países emergentes hubieran logrado un crecimiento auto-sostenible. Lamentablemente, a menos que prevalezcan las mentes sabias, este es el camino al cual el mundo se dirige.


Joseph Stiglitz fue Premio Nobel de Economía en 2001



La pequeña depresión

Por Paul Krugman (*)

Esta es una época interesante, y lo digo en el peor sentido de la palabra. Ahora mismo, estamos viendo no una sino dos crisis inminentes, cada una de las cuales podría provocar un desastre mundial.

En Estados Unidos, los fanáticos de derechas del Congreso pueden bloquear un necesario aumento del tope de la deuda, lo que posiblemente haría estragos en los mercados financieros mundiales. Mientras tanto, si el plan que acaban de pactar los jefes de Estado europeos no logra calmar los mercados, podríamos ver un efecto dominó por todo el sur de Europa, lo cual también haría estragos en los mercados financieros mundiales.

Solamente podemos esperar que los políticos congregados en Washington y Bruselas consigan esquivar estas amenazas. Pero hay una pega: aun cuando nos las arreglemos para evitar una catástrofe inmediata, los acuerdos que se están alcanzando a ambos lados del Atlántico van a empeorar la crisis económica casi con toda seguridad.

De hecho, los responsables políticos parecen decididos a perpetuar lo que he dado en llamar la Depresión Menor, el prolongado periodo de paro elevado que empezó con la Gran Recesión de 2007-2009 y que continúa hasta el día de hoy, más de dos años después de que la recesión supuestamente terminase.

Hablemos un momento sobre por qué nuestras economías están (todavía) tan deprimidas. La gran burbuja inmobiliaria de la década pasada, que fue un fenómeno tanto estadounidense como europeo, estuvo acompañada por un enorme aumento de la deuda familiar. Cuando la burbuja estalló, la construcción de viviendas cayó en picado, al igual que el gasto de los consumidores a medida que las familias cargadas de deudas hacían recortes.

Aun así, todo podría haber ido bien si otros importantes actores económicos hubiesen incrementado su gasto y llenado el hueco dejado por el desplome de la vivienda y el retroceso del consumo. Pero ninguno lo hizo. En concreto, las empresas que disponen de capital no ven motivos para invertir ese capital en un momento en el que la demanda de los consumidores es débil.

Los Gobiernos tampoco hicieron demasiado por ayudar. Algunos de ellos -los de los países más débiles de Europa y los Gobiernos estatales y locales de EE UU- se vieron de hecho obligados a recortar drásticamente el gasto ante la caída de los ingresos. Y los comedidos esfuerzos de los Gobiernos más fuertes -incluido, sí, el plan de estímulo de Obama- apenas bastaron, en el mejor de los casos, para compensar esta austeridad forzosa.

Así que tenemos unas economías deprimidas. ¿Qué proponen hacer al respecto los responsables políticos? Menos que nada. La desaparición del paro de la retórica política de la élite y su sustitución por el pánico al déficit han sido verdaderamente llamativas. No es una respuesta a la opinión pública. En un sondeo reciente de CBS News/The New York Times, el 53% de los ciudadanos mencionaba la economía y el empleo como los problemas más importantes a los que nos enfrentamos, mientras que solo el 7% mencionaba el déficit. Tampoco es una respuesta a la presión del mercado. Los tipos de interés de la deuda de EE UU siguen cerca de sus mínimos históricos.

Pero las conversaciones en Washington y Bruselas solo tratan sobre recortes del gasto (y puede que subidas de impuestos, es decir, revisiones). Esto es claramente cierto en el caso de las diversas propuestas que se están tanteando para resolver la crisis del tope de la deuda en Estados Unidos. Pero es igual de cierto en Europa.

El jueves, los "jefes de Estado y de Gobierno de la zona euro y las instituciones de la UE" -este trabalenguas da idea, por sí solo, de lo confuso que se ha vuelto el sistema de gobierno europeo- publicaban su gran declaración. No era tranquilizadora.

Para empezar, resulta difícil creer que la compleja y estrambótica ingeniería financiera que la declaración propone pueda resolver realmente la crisis griega, por no hablar de la crisis europea en general.

Pero, aunque así fuera, ¿qué pasará después? La declaración pide unas drásticas reducciones del déficit "en todos los países salvo en aquellos con un programa" que debe entrar en vigor "antes de 2013 como muy tarde". Dado que esos países "con un programa" se ven obligados a observar una estricta austeridad fiscal, esto equivale a un plan para que toda Europa reduzca drásticamente el gasto al mismo tiempo. Y no hay nada en los datos europeos que indique que el sector privado vaya a estar dispuesto a cargar con el muerto en menos de dos años.

Para aquellos que conocen la historia de la década de 1930, esto resulta demasiado familiar. Si alguna de las actuales negociaciones sobre la deuda fracasa, podríamos estar a punto de revivir 1931, el hundimiento bancario mundial que hizo grande la Gran Depresión. Pero si las negociaciones tienen éxito, estaremos listos para repetir el gran error de 1937: la vuelta prematura a la contracción fiscal que dio al traste con la recuperación económica y garantizó que la depresión se prolongase hasta que la II Guerra Mundial finalmente proporcionó el impulso que la economía necesitaba.

¿He mencionado que el Banco Central Europeo -aunque, afortunadamente, no la Reserva Federal- parece decidido a empeorar aún más las cosas subiendo los tipos de interés?

Hay una antigua cita, atribuida a distintas personas, que siempre me viene a la mente cuando observo la política pública: "No sabes, hijo mío, con qué poca sabiduría se gobierna el mundo". Ahora esa falta de sabiduría se pone plenamente de manifiesto, cuando las élites políticas de ambos lados del Atlántico malogran la respuesta al trauma económico haciendo caso omiso de las lecciones de la historia. Y la Depresión Menor continúa.


(*) Profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008.




lunes, 4 de julio de 2011

El futuro de Grecia, sin la UE

Por Randall Wray (*)

Para quienes entienden la Teoría Monetaria Moderna (TMM) resultó siempre obvio que el lanzamiento de la Unión Monetaria Europea cometió yerros fatales. Sabíamos que a la primera crisis financiera y económica seria, se vería amenazada su misma existencia.

En cierto sentido, ha pasado desde el principio como en los EEUU de 1929, en vísperas de la Gran Depresión: un fraude crediticio excesivo, una excesiva deuda de las familias y de las empresas, y un boom económico que duró demasiado tiempo. Cualquier cosa podría haber disparado la crisis que siguió, pero fue el descubrimiento de que Grecia había estado cocinando su contabilidad lo que selló el destino de Eurolandia. Y como en los EEUU posteriores a 1929, Eurolandia pugna por comprender y por lidiar con la crisis. Ahora se desliza hacia otra gran depresión.

Muchos economistas y muchos responsables políticos incluso algunos suficientemente ortodoxos empiezan a reconocer que el obstáculo atravesado en el camino es la incapacidad para armar una respuesta en términos de política fiscal efectiva. Esa incapacidad nace de la ausencia de una autoridad fiscal a escala europea. De aquí las semimedidas tomadas por el BCE y otras autoridades para poner parches al problema de la deuda.

Ello es que hay un conflicto entre las distintas autoridades respecto de la solución al problema, como no podía ser de otra manera, dada la ausencia de una autoridad fiscal. Muchos desean imponer una austeridad equivalente a las sangrías "terapéuticas" medievales. Sostienen que el problema real es la falta de autodisciplina en los países periféricos. Y no puede dejar de observarse que esa idea es ampliamente compartida por las elites de esos mismos países.

Esas elites se sentirían felices arrojando a sus propios países al abismo de la depresión, a fin de desbaratar toda resistencia a los recortes salariales y de llevarse por delante todos los programas sociales a favor de la población trabajadora. Esa es siempre la solución preferida por las elites ignaras. Con este método se pretende rebajar los costos salariales en las naciones periféricas y hacer más competitiva la producción.

Esa es también, huelga decirlo, la posición de los miembros más poderosos de la UE. La prudente Alemania ha mantenido a raya los salarios durante la pasada década, disparando la productividad. Consiguió así convertirse en el país con producción de menos coste en Europa, y pasito a pasito, podría llegar a poder competir hasta con Asia. No, desde luego, en la producción fundadada en trabajo intensivo barato, sino en la producción que de verdad cuenta, en el sector exportador de alto valor añadido.

Y esa es también la perspectiva más común también entre las clases trabajadoras en los países centrales, que comparten el prejuicio de unas poblaciones periféricas tan holgazanas como exageradamente remuneradas. Más asombroso aún que la falsedad de esa actitud, es el hecho de que si la sangría fiscal y el recorte de los salarios se pusieran efectivamente por obra en los países periféricos, no tardarían las fábricas en comenzar a salir de Alemania buscando trabajadores menos costosos.

En otras palabras, el éxito de la periferia sería a costa de los trabajadores alemanes, que tendrían que aceptar salarios más reducidos para poder competir. Lo que de todos modos ocurrirá, espoleado por la pérdida de puestos de trabajo, si Alemania no puede encontrar ventas para sus productos fuera de la UE, en donde la demanda caerá indefectiblemente a medida que las naciones periféricas se hundan más en la depresión. El resultado será una bonita carrera hacia el abismo, de la que sólo puede beneficiarse la elite europea. Muy bonito.

Para decirlo todo, yo no creo que la UE pueda llegar a chupar suficiente sangre de los griegos (y españoles e italianos e irlandeses y portugueses) para que eso pueda funcionar. Harto más razonable sería ahora un aumento salarial en Alemania para conseguir competitividad dentro de la UE por la vía de elevar el nivel general.

Pero tampoco eso parece nada probable, habida cuenta de que Alemania mira hacia más allá de las fronteras europeas, sobre todo en dirección al Este. Por consiguiente, seguirá empeñada en recortar sus propios costes laborales, y las naciones periféricas nunca conseguirán atrapar a Alemania en el común despeñadero.

Eso deja sólo dos alternativas. La primera es una reestructuración continua de la deuda, con compras del BCE por la puerta trasera (permitiendo a los bancos centrales comprar la deuda), y con garantías y préstamos del propio BCE. Todo en la esperanza de que las instituciones financieras tenedoras de toda la deuda pública periférica puedan, o bien sacarla de su contabilidad, o bien servirse del método norteamericano de ir proponiendo el ajuste a la baja de sus balances alargando indefinidamente el proceso de ajuste para no reconocer su insolvencia.

El problema es que casi todos los datos económicos de las últimas semanas son malos en prácticamente todo el mundo , lo que hace más probable que se produzca algún tropezón en algún sitio y que se propague a través de los mercados financieros tan rápidamente como lo hizo en la Crisis Financiera Global de 2007.

Muchos bancos europeos quedarán con las nalgas al aires como insolventes sin remedio, y la deuda pública de los PIIGs será un problema añadido. Además, el BCE está legítimamente preocupado por los "precedentes" y los "efectos de incentivos". No se trata de las normas reguladoras de lo que el BCE puede o no hacer: tiene tanta licencia como la Reserva Federal para intervenir en una crisis y comprar o prestar a cambio de prácticamente cualquier tipo de activo.

Se trata de lo que el BCE entiende que es su independencia. Los mercados verían un rescate de estilo norteamericano del sistema financiero europeo (con garantía de la deuda pública de la distintas naciones, por añadidura) como una pérdida de independencia. Lo cierto es que el BCE ya la ha entregado, pero se agarra a la esperanza de poder recuperar de algún modo la virginidad perdida.

Eso deja sólo una tercera posibilidad: crear la necesaria autoridad fiscal. Eso permitiría al BCE limitarse a la política monetaria, cediendo al Tesoro europeo las riendas para lidiar con la crisis. Yo he venido sosteniendo desde 1996 que este es el único camino para hacer viable el proyecto de la UE.

La teoría económica subyacente a ese punto de vista es sencilla, y es la que vale por doquiera en todos los países desarrollados. En efecto: los EEUU son en realidad una Unión Monetaria Norteamericana (UMN), pero una unión monetaria bien constituida, que dispone de un Banco Central y de un Tesoro. Sin embargo, por razones políticas, eso no va a ocurrir en la UME. Estamos ahora más lejos de ello aún que en 1996, porque la crisis ha hecho crecer la hostilidad entre sus miembros. Nadie quiere ceder poderes al centro.

Así pues, nada de todo eso va a suceder. ¿Qué queda? Salir de la unión.


(*) Uno de los analistas económicos más respetados de Estados Unidos.



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David Martínez Hernández
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