lunes, 19 de diciembre de 2011

Libro de la semana: los trovadores

  • Los trovadores. Historia literaria y textos. Martín de Riquer, Prólogo de Pere Gimferrer. Ariel. Barcelona, 2011. 1.749 páginas

La reciente reedición de Los trovadores, del profesor Martín de Riquer, agrupa en un solo volumen el contenido de los tres editados por primera vez en 1975. En el nuevo prólogo, Pere Gimferrer señala la enorme influencia de este libro durante siete lustros, no sólo entre eruditos, sino también entre poetas y lectores de poesía. Si incluimos en ese número a algunos escritores de canciones, el trabajo riguroso del eminente filólogo habría provocado ondas de amplia difusión en una cadena de transmisión poco usual, en la que el valor de los conocimientos se ha mantenido en el trayecto desde la cátedra hasta la plaza pública. Martín de Riquer ha contribuido decisivamente a reproducir el potencial expansivo de aquella escuela de versificación exigente, heredera de las normas de la poesía latina, pero escrita en romance vulgar. Propia de círculos cortesanos, la lírica trovadoresca generó una comunidad literaria en la que se relacionaron poetas de toda condición. Nacida en las tierras cultas del Mediodía francés, influyó poderosamente en la génesis del dolce stil nuovo italiano, en el ámbito de la poesía gallego-portuguesa, en la lírica de las coronas de Aragón y de Castilla. Escrita para ser cantada, a través de los juglares proyectó el prestigio de la poesía amatoria más refinada hacia otras capas sociales. La lectura de Ezra Pound nos contagió su pasión por los trovadores, los ensayos de Menéndez Pidal nos intrigaron con el relato de la estancia de aquellos misteriosos personajes itinerantes en las cortes peninsulares. Para conocerlos mejor tuvimos a mano esta obra indispensable. Agradecimos entonces la amplitud de la compilación, que abarca la obra de unos trescientos cincuenta trovadores, la literalidad de la traducción, que preserva el frescor de las imágenes, la posibilidad de comprobar en el romance occitano la musicalidad de los poemas, la precisión de las notas sazonadas de pistas interesantes. Todo ello nos ha convertido en partícipes de aquel movimiento que modificó el gusto poético de la Romania, que creó una lengua transnacional, que situó el fin'amors -el amor acendrado- en el centro del pensamiento europeo. Sólo se conserva una décima parte de la música de los trovadores, pero algunas de esas melodías de gran belleza nos dan idea del caudal que circuló durante los siglos XII y XIII, dejando huella reconocible entre nosotros. Los poetas y los cantores en lengua romance somos herederos de ese legado. No somos los primeros en sufrir inclinaciones contrarias cada vez que se renueva la luz del año. Ni seremos quizá los últimos en tomar por modelo el canto del ruiseñor, el vértigo del vuelo en el crepúsculo. La reedición del libro de Martín de Riquer nos recuerda la conveniencia de fabricar, a base de versos bien pulidos, cantos capaces de viajar por sí solos, como en los tiempos en que lo hicieron a caballo o a pie, cualesquiera que sean los avatares tecnológicos.
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Ajuste fiscal y rigidez monetaria

Por Carlos Garramón (*)

La solución emergente la semana pasada en la Cumbre de Bruselas no constituye solamente un trabajoso acuerdo entre los 17 países de la Eurozona más 9 países de la CEE, con excepción de Inglaterra, para enfrentar la crisis de deuda soberana y restablecer la confianza en su moneda única.

Significó, fundamentalmente, el triunfo de un enfrentamiento global en torno a una estrategia, casi ideológica de como gestionar la crisis y por ende enfrentar la contracción y el desempleo. Triunfó la tesis alemana - francesa (la estrategia Merkozy ) que postula que la pérdida de confianza de los mercados en el euro, así como el devastador impacto socioeconómico del nivel de endeudamiento de la Europa mediterránea, se enfrentan restituyendo la disciplina fiscal y limitando la capacidad de respaldo e intervención directa del BCE en el mercado de bonos soberanos y en la capitalización del sistema financiero.

A la crisis se le respondió, al menos en el Acuerdo de Bruselas, con más integración: la cesión de autonomía se acrecentó: a la unión monetaria se adicionó la unión fiscal. Si no hubiese sido por el intento de chantaje y posterior divorcio británico, la solución Merkozy se hubiese impuesto en plenitud, o sea, hubiese involucrado a los 27 países que conforman la CEE.

Crucemos los dedos para que este acuerdo de una Europa dividida y su moneda única sigan en pie, de lo contrario enfrentaremos una catástrofe de consecuencias imprevisibles a nivel global. La ola expansiva de contagio será como un tsunami que llegará a las playas más lejanas del mundo.

Para comprender en profundidad la controversia ideológica que esta postura significa, la reacción de Obama fue de crítica y de decepción. Para el Gobierno de EE.UU. la crisis no se enfrenta con ajuste y contracción, se enfrenta, y así lo hizo el Tesoro y la FED, con una "bazooka" de inyección monetaria, proveyendo toda la liquidez que sea necesaria para compensar la contracción de demanda agregada generada por el congelamiento del crédito, el pánico del consumidor y el desempleo. Obama teme que la recesión en Europa y la crisis de su sistema financiero generen un contagio de impacto global que opaque los signos de recuperación que muestra la economía de EE.UU., justamente en un año en que juega su reelección.

Merkozy responde que la estrategia norteamericana compromete el bienestar de futuras generaciones debido al nivel de endeudamiento y déficit que genera una política monetaria expansiva, además del riesgo inflacionario asociado, en la medida en que la recuperación económica se consolide. Además, el salvataje de gobiernos y bancos vía continuos planes de rescate Planes de Salvataje bancario y EQ s debilitan la capacidad de los beneficiarios de realizar esfuerzos propios para obtener fondeos genuinos.

Clara controversia entre la disciplina y rigidez germana y la respuesta rápida, pragmática y cortoplacista de EEUU. No es la primera vez en el marco de la Cumbre de Bruselas y la posterior reacción de EE.UU., que la visión germana se enfrenta con la anglosajona. Los próximos meses, y quizás los próximos años, serán decisivos para dirimir quién tiene la razón en esta evidente diferencia de enfoque en la gestión de la crisis.

Ahora bien, ¿qué significó esta cumbre para la crisis del euro y cómo queda posicionada Europa hacia el futuro en la economía global?. El punto de partida son las estimaciones de crecimiento dadas a conocer por la OCDE la semana pasada, la cual redujo sus propios pronósticos para el crecimiento de Europa en el 2012, de una tasa del 2.8 % del PBI a una menor a 1%, señalando una recesión técnica para Europa en su conjunto en el último trimestre del 2011 y el primer trimestre del 2012. La recuperación, según la OCDE, se iniciaría en el segundo semestre del 2012 y se mantendría a partir del 2013.

Esta Cumbre deja grandes interrogantes. Reflexionemos sobre algunas de las más relevantes en relación a su impacto sobre Europa, el euro y la economía mundial.

En primer lugar, la Regla de Oro que caracteriza al Acuerdo de Bruselas establece que los 23 países que adhirieron al proyecto Merkozy - Inglaterra se desmarcó y otros tres someterán el acuerdo a la aprobación de sus parlamentos - no podrán tener un déficit primario o estructural (antes del pago de los servicios de la deuda) de más del 0.5% ni un déficit fiscal de más de 3%.

Sus presupuestos anuales deberán ser sometidos a la aprobación de la Comisión y el Consejo de La Unión, y si su déficit fiscal supera los límites establecidos en el acuerdo serán sometidos a sanciones previamente establecidas por la CEE. Surge una gran interrogante: ¿es macroeconómicamente sensato aplicar políticas de ajuste fiscal severas sobre escenarios económicos, sociales y políticos caracterizados por una fuerte contracción y un extendido desempleo como es el caso de Italia y España, dejando de lado la tragedia helénica detonante de la crisis de confianza sobre el euro? ¿Es sensato pensar que puede lograrse una reducción simultánea y sustancial del gasto y la deuda pública en un escenario dominado por la desconfianza y la retracción?

En suma, ¿existe gobernabilidad posible para instrumentar las brutales políticas de ajuste que condicionan el cumplimiento de la Regla de Oro , aprobada en la Cumbre de Bruselas? La crisis europea ya se llevó puestos los Gobiernos de Papandreu, Berlusconi y Zapatero; ¿resistirán políticamente los Gobiernos tecnócratas, impuestos como interventores del BCE, a su vez dominado por el eje Alemania-Francia? Parece difícil controlar los millones de damnificados por la fiesta fiscal. Se multiplican por toda Europa el descontento y la protesta social. ¿Durante cuántos meses o años resistirán los gobiernos tecnócratas esta creciente indignación popular?

En segundo lugar, el proceso de ratificación de un Tratado, limitado a los países que finalmente adhieran a él, y que de antemano sabemos que cuenta con el veto de Inglaterra, es un camino arduo, complejo y que puede requerir de mucho tiempo y desgaste institucional y político. Como la Unión Europea no es un Estado, no es sencillo lograr que la Comisión, el Consejo, el Parlamento Europeo, El Tribunal de Justicia y los Parlamentos Nacionales se pongan de acuerdo. En esta intrincada trama institucional comienza una casuística desbordante contra la que es sumamente fácil estrellarse. En ella también reside la gran dificultad de la CEE para gestionar una crisis de las dimensiones de la crisis actual, agravada por la falta de liderazgo político a nivel continental y de los propios países que conforman La Unión. ¿Cuántos meses tomó reaccionar para evitar el default griego?

En tercer lugar, ¿qué puede suceder con Europa si el acuerdo falla y la contracción se transforma en recesión definitiva o quiebre del euro por el abandono desordenado de la moneda única? Esta situación es altamente no deseable pero no es improbable.

La construcción de la CEE, tal como está planteada, tiene grandes falencias estructurales: muy diferentes productividades de las economías que la integran y una única moneda, lo cual elimina la devaluación como política de recuperación de competitividad y por ende de la cuenta de capitales. Los países con alto endeudamiento, ante la falla o la imposibilidad política de instrumentar el ajuste, pueden verse tentados a abandonar el euro y regresar a su moneda original, devaluar e incrementar su comercio exterior. Crucemos los dedos porque la CEE y el euro continúen en pie.

De lo contrario enfrentaremos una profundización impredecible de la crisis económica y financiera mundial que ya ha cumplido su quinto aniversario. Por ahora el corta fuegos lo constituyen la comunidad internacional en el compromiso por ahora débilmente expresado del FMI y China que han anunciado fondos adicionales por 500 mil millones de euros para engrosar el Fondo de Salvataje cuya vigencia completa se adelantó para mediados del 2012.

Como escribió Borges nos une el horror y esa unión es poderosa. Cae Europa y todos perdemos. Quizás Merkozy lo conoce y en esa intuición se respalda su audaz rigidez ante bancos y gobiernos.



(*) Ingeniero Agrónomo de la Universidad de la República Oriental del Uruguay, Master en Economía Agraria de la Universidad Católica de Chile, PHD(C) en Economía Agraria de la Universidad de California, Campus Berkeley. Funcionario y consultor en OEA, ONU, FAO, FIDA, BID y Banco Mundial. Actualmente Presidente de Promesur Consulting Group y autor del blog http://carlosgarramon-reflexiones.blogspot.com

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lunes, 28 de noviembre de 2011

Libro de la Semana: los podcasts de Platón

En veinte capítulos cortos, dedicados cada uno a un sabio o sabia de la antigua Grecia, este libro va presentando todo el acopio de sabiduría de aquella cultura modélica en la que todavía las palabras, que nunca han sido las cosas, no se habían alejado demasiado de ellas. Todos, de Safo a Sócrates, de Pitágoras a Hipatia, son maestros de pensar y de vida, de una sensibilidad insuperable, devenida arquetípica, respecto al ser humano y sus humanas cuestiones. Como las que van desde el pensar al placer, de la libertad a la muerte, a la fama, amor, violencia, sencillez de vida o seriedad de la risa. El autor describe todo ello en lenguaje claro, agradable, con guiños a la literatura y vida actuales. Cuenta las opiniones de cada personaje añadiendo siempre aspectos correspondientes de su vida. Opiniones y aspectos curiosos, pero no inventados, ni siquiera novelizados: unas y otros se recogen directamente de fuentes respetables, que se citan. Los podcasts de Platón son los diálogos de Platón. Aunque Platón ocupa un capítulo cualquiera del libro, el tercero, entre Safo y Diógenes, el autor dice que es su figura central, y me imagino que no sólo para justificar el título. Lo es en este caso no tanto por su pensamiento como por su poder ejemplar de comunicarlo. Creó un género que causó una explosión de interés análoga a la de hoy de los podcasts. Aprovechando la relativamente nueva tecnología de la escritura, modélicamente los diálogos platónicos, pero también otros textos, "al igual que hoy los podcasts en Internet, se expandían como olas virtuales de pensamiento a lo largo y ancho del mundo mediterráneo antiguo". Y con esa difusión aseguraron un porvenir a la filosofía como forma y guía de vida. Una buena prueba de ello es este libro.

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lunes, 21 de noviembre de 2011

¿A quién le sirve ya el euro?


Por Manuel Castells (*)

Ya no cabe duda sobre el talante antidemocrático de la UE. La propuesta de Papandreu de preguntar a sus conciudadanos si aceptaban vivir en austeridad espartana para poder pagar en euros desencadenó una tormenta financiera y política que entre amenazas e improperios de Merkozy y Cameron provocó la crisis del Gobierno griego y puso al país patas arriba.

¿Qué hay de malo en que la gente decida sobre su salud, su educación y su empleo? ¿Son temas demasiado complejos para el populacho? No exageren, que algunos tenemos más estudios que los mandamases.

Con algunos colegas me comprometo a explicar clarito a los ciudadanos de qué va el euro y su crisis y a quiénes benefician y perjudican y cuáles son las distintas opciones posibles, incluida el repatriar al euro a Bruselas. A condición naturalmente de tener la misma información que se reservan financieros y gobernantes.

El problema no es de complejidad, sino de democracia. A lo que más temen los políticos en estos momentos es aque los ocupen, a que les arrebaten ese poder delegado que mantienen mediante un mecanismo controlado de elecciones entre opciones encerradas dentro de límites sistémicos y legitimadas mediáticamente. Un referéndum, sin ser una forma perfecta de decisión popular, abre el abanico de posibilidades, siempre y cuando sea limpio.

Había que ver a asesores políticos europeos aconsejando que si se hacia el referéndum se hiciera con una pregunta inteligente, o sea sesgada hacia lo que conviene. Hay, profundamente, arrogancia elitista y repulsión hacia la voluntad popular, por mucho que se disimule. Porque aunque se equivocara el pueblo, tiene derecho a hacerlo. Ya pasó el tiempo de los que nos salvaban porque no sabíamos lo que hacíamos.

En realidad no se trata de salvar al pueblo, sino de salvar al euro, como si esto fuera equivalente. ¿Por qué tanto interés? ¿Y de quién? Porque diez de los veintisiete miembros de la UE viven sin euro y algunas de sus economías (Reino Unido, Suecia, Polonia) son mucho más sólidas que la media de Unión. Defender el euro hasta el ultimo griego es la primera línea de defensa para una moneda que está condenada porque expresa economías divergentes y no tiene un estado que la respalde.

Con Portugal e Irlanda en la UVI, España en la cuerda floja y una Italia en permanente crisis política y endeudada hasta las orejas de su histriónico ex líder, la franco-germana defensa del euro tiene otras explicaciones que la historia de terror que nos cuentan sobre la catástrofe financiera que ello implicaría con efectos devastadores en nuestro cotidiano como si la vida dependiera de la bolsa.

La primera razón es obvia: salvar a los bancos, sobre todo alemanes y franceses, que prestaron sin garantías a Grecia y demás PIGS mediante la manipulación de cuentas que, al menos en el caso de Grecia, hizo la consultoría de Goldman Sachs (Por cierto, debe ser simple casualidad que Draghi, el flamante nuevo presidente del BCE también fuera empleado de Goldman Sachs).

De entrada ya tienen que olvidarse del 50% de la deuda de Grecia, aunque no está claro quién acabará pagándola. Pero el otro 50% lo tienen que sacar de la sangre, sudor y lágrimas de los griegos, prestándoles nuestro dinero, para que el impago no quede impune. Si Grecia denunciara la deuda, como hizo Islandia a quien le va tan ricamente, un dracma devaluado en 60% haría impagable el resto de la deuda. Más aun, el efecto contagio en mercados financieros llevaría al impago de gran parte de la deuda soberana, llevando a la quiebra a los bancos que se aprovecharon del euro para prestar sin solvencia.

O sea, se trata de salvar a unos bancos concretos y, en términos más amplios, evitar una nueva crisis del sistema financiero. Se quiebran países para no quebrar bancos. ¿Pero por qué se hace? Al fin y al cabo, los Merkozy no son empleados de banca.

Tienen sus intereses políticos, de país y personales. Alemania es la que realmente necesita que el euro sea la moneda europea y que sus socios no puedan devaluar. Porque el modelo de crecimiento alemán es en realidad el chino: crecer mediante exportaciones favorecidas por una moneda subvalorada y reducir salarios (reducción del 2% en términos reales en el último quinquenio). Si hubiese un euro-marco fuerte, Alemania perdería mercados en Europa y competitividad respecto a exportaciones españolas o italianas. Pero hay otra dimensión político-personal: tanto Merkel como Sarkozy necesitan establecer su liderazgo europeo tanto por razones de política interna como por proyecto de grandeza nacional que se tiene que disfrazar de europeo para no despertar viejos fantasmas. ¿Y las otras élites políticas europeas? Algo semejante ocurre, su importancia personal y de país se realza siendo cola del león europeo porque la ratonez de su ámbito les viene estrecha. Sentirse europeos, en un mundo en tránsito desde Norteamérica a Asia, les da la impresión de ser algo más que productos aldeanos del aparato de partido que tanto desprecian.

¿Y nosotros en todo esto? Cierto que el desbarajuste financiero que ocasionará (no hay errata de tiempo de verbo) el advenimiento de la euro-peseta causará problemas de transición en la economía y en nuestros bolsillos, en condiciones que dependen de cómo se produzca la transición. Pero se recuperaría la soberanía de política económica, se ajustaría la realidad monetaria y financiera a la economía real, se incrementaría la competitividad, ganando mercados externos e internos, habría una explosión de turismo que sería a precios de ganga.

Se podría reactivar la economía emitiendo moneda. Y por tanto se incrementaría el empleo. Porque lo esencial es crecer, no flagelarse. Claro: habría inflación. Pero es la mejor receta para reducir deuda, incluida la de su hipoteca.

¿Y el sueño europeo? Pues hagámoslo con la gente, amándonos los unos a los otros, en lugar de ver quién paga la cuenta. Cuando piense euro, piense estafa. Cuando piense Europa, piense amigas.


(*) Sociólogo internacionalmente reconocido, es catedràtico de sociologia en la UOC de Barcelona



Libro de la semana: el puño invisible

  • El puño invisible. Arte, revolución y un siglo de cambios culturales. Carlos Granés Maya. Taurus. Madrid, 2011.496 páginas

Flamante ganador del Premio Internacional de Ensayo Isabel Polanco, en su tercera edición de 2011, El puño invisible. Arte, revolución y un siglo de cambios culturales, de Carlos Granés Maya, es, de entrada, una obra sorprendente por su ambición, pues abarca toda la prolija y compleja historia de la agitación cultural de vanguardia del siglo XX, incluyendo en ella los movimientos epigonales de la misma hasta prácticamente la actualidad, dentro de esa alargada vaguada que hemos dado en llamar nuestra era posmoderna. Con sólo el enunciado del tema abarcado por Granés Maya, la perspectiva de su investigación es, cuantitativa y cualitativamente, abrumadora, pero lo verdaderamente asombroso es cómo ha logrado hacer viable su lectura, ya que el libro resultante, que consta de medio millar de páginas, mantiene viva la atención sin que el interés decaiga en ningún momento. Es obvio, por tanto, que está muy bien escrito según el patrón del mejor ensayismo anglosajón, cuyas principales cualidades podríamos resumir como la suma de capacidad de síntesis, claridad expositiva y un formidable ritmo narrativo, que engancha y transporta al lector no especializado de la primera página a la última.

A través de este amplio recorrido histórico, la tesis principal de Granés Maya es la confrontación entre el éxito de la agitación cultural vanguardista frente al fracaso de las revoluciones políticas, lo cual supone algo así como volver sobre una dicotomía clásica, la de la comparación e interdependencia entre vanguardia artística y política, pero, en este caso, invirtiendo el punto de vista tradicional al respecto. Dividido en dos grandes partes, lacónicamente tituladas 'Primer Tiempo' y 'Segundo Tiempo' -la primera de las cuales recoge el relato completo del impulso de la vanguardia hasta el triunfo del Pop como preámbulo a nuestro posmoderno momento actual, y la segunda, centrada precisamente en este último-, el ensayo de Granés Maya se remata con un epílogo melancólico, en el que augura un pronto final patético al vanguardismo épico por el agotamiento de su sentido histórico. Aunque, como espero que se comprenda, estoy simplificando en extremo la tesis de este brillante ensayo y hurtando su rica argumentación, lo que se colige al final es que su autor considera ya definitivamente obsoleta por consunción esta estrategia de la innovación cultural vanguardista, en la medida en que, en efecto, por así decirlo, ha triunfado operativamente, y para la "modernizada" sociedad actual la ansiosa voluntad de ruptura ha perdido el aura que hasta hace poco la legitimaba, convirtiéndose en un vacuo gesto retórico, tan previsible como aburrido.

En cierto sentido, se puede afirmar que la crónica histórica de este convulsivo y apasionante proceso termina por donde empezó: en el nihilismo. No en balde Granés Maya usa como referencias básicas iniciales a Max Stirner, autor de El único y su propiedad, un vitriólico panfleto anarquista donde el egotismo se eleva hasta su enésima potencia solipsista, y a Friedrich Nietzsche, cuyo pensamiento arrasó todos los principios y valores de la filosofía occidental. ¿Hasta qué punto estos dos pensadores, Stirner y Nietzsche, no hicieron sino poner al rojo vivo la contradicción existente entre el ideal de emancipación del sujeto moderno -el de la libertad- y el ideal de su planificación social operativa -el de la igualdad-, o, si se quiere, que ambos fueron los aguafiestas de la ilusión de la modernidad en sí misma? Como se ve, en cualquier caso, el asunto es todo menos simple, si bien Granés Maya tampoco se pierde por demasiados vericuetos abstrusos, sino que se ciñe a levantar el mapa de esa batalla de la modernización cultural rampante del siglo XX, que recogió el legado progresista del siglo anterior y lo convirtió en una máquina para el descuartizamiento de formas artísticas tradicionales y en una fábrica de experiencias existenciales y de experimentos de toda índole.

Iniciando su crónica del vanguardismo militante por el antipasadista Marinetti, adecuado preámbulo para luego deambular por los puntos álgidos de la destrucción de las vanguardias históricas, como el dadaísmo y el surrealismo, uno de los aciertos, a mi juicio, más rotundos del recorrido histórico llevado a cabo por Granés Maya es, por un lado, la atención que presta a lo ocurrido en la vanguardia cultural entre 1930 y 1970, sin desdeñar meterse de lleno en todos los fenómenos "contraculturales" habidos en este feraz y explosivo periodo alargado, y, por otro, todavía más, dar la importancia adecuada a lo que supuso entonces y desde entonces a las plataformas ideológicas y operativas del llamado "Tercer Mundo", a propósito o a costa del cual se alimentó la dinámica revolucionaria de la vanguardia cultural y política del último tramo del siglo XX, por lo menos hasta la simbólica caída del muro de Berlín y el "fin de la Historia" que alumbra u oscurece nuestra situación actual. En este segmento, me parece particularmente esclarecedora toda la parte que Granés Maya dedica a la génesis y el desarrollo de la Internacional Situacionista y a los ideales revolucionarios fraguados en la hirviente caldera latinoamericana con el mito de la revolución cubana a la cabeza.

En fin, es casi imposible sintetizar toda la urdimbre de acontecimientos con que Granés Maya traza su gran relato sobre el revolucionario cambio cultural vivido en nuestra época, cuyo "puño invisible" ha golpeado nuestra identidad hasta el aturdimiento. Se trata, en todo caso, de un relato que admirablemente se sostiene en pie aun en el filo de la navaja o en la cuerda floja de un momento histórico como el del presente, el cual se ha autodefinido como el de la "crisis de los grandes relatos". Si ha podido lograr salir victorioso en el empeño es quizás porque Granés Maya ha optado por asumir el punto de vista de las historias en vez del de la Historia, el del seguimiento de la diseminación en vez del restablecimiento de un orden central normativo, lo sinuoso en vez de lo cursivo. Por lo que si la aventura vanguardista termina donde empezó, no puede decirse que esta deambulación histórica haya sido sólo una "crónica de una muerte anunciada" o, si se quiere, no, al menos, una muerte de la conciencia crítica, ese despertador de las ilusiones.


lunes, 14 de noviembre de 2011

Libro de la Semana: La Tercera Revolución Industrial

      • Jeremy Rifkin. La Tercera Revolución Industrial. Cómo el poder lateral está transformando la energía, la economía y el mundo. Editorial Paidós, Barcelona, 400 páginas.

Los historiadores económicos son muy parcos a la hora de emplear la palabra revolución en sus monografías. En el libro de Rifkin, en cambio, se hace referencia a tres revoluciones industriales ya en los primeros párrafos. La primera basada en el carbón mineral y el vapor, la segunda en el petróleo, el gas natural y el motor de explosión interna y la tercera en una energía renovable.

El texto, bien escrito, deja constancia tanto de que su autor es un viajero, conferenciante y animador social empedernido, como de que se ha reunido con la crème de la crème europea como "Romano" o "Angela" y con empresarios y ejecutivos de grandes empresas. El libro describe la posibilidad de llevar a cabo la Tercera Revolución Industrial sustentada en los siguientes cinco pilares: 1. Efectuar el cambio de un régimen energético de combustibles fósiles basados en el carbono por un régimen de energías renovables. 2. Reconfigurar el parque mundial de edificios para transformar cada inmueble en una minicentral eléctrica capaz de captar in situ energías renovables. 3. Instalar tecnología de almacenaje de energía renovable en todos los edificios. 4. Utilizar la tecnología de la comunicación de Internet para poner en contacto las minicentrales eléctricas con los consumidores. 5. Implantar un parque de vehículos de motor eléctrico con alimentación de red o pilas de combustible, impulsados por energías renovables. Una economía anclada en estos principios, concluye, acabaría con el predominio de las grandes empresas que organizan la actividad económica de forma jerárquica desde arriba. Para implantar esta revolución es necesario la más estrecha colaboración entre el Estado y las empresas, pero al final quien debería llevar las riendas es el primero, según se desprende de las palabras de Rifkin. El problema de este ensayo no radica en que su autor demande una economía fundamentada en unas fuentes de energía sostenibles, ¡que bienvenidas sean!, sino en que rezuma por todas las esquinas un tufillo a proyecto de visionario. Se refiere constantemente a una causa única de todos los males (los límites de un sistema basado en combustibles fósiles) y un remedio único (adoptar los principios apuntados de la Tercera Revolución Industrial, el producto que nos quiere vender). También denuncia que los economistas, los ejecutivos y los políticos no saben cuáles son las "verdaderas" causas de la crisis que padecemos en la actualidad y, por este motivo, van dando palos de ciego. Salpica su exposición con unas gotas de síndrome de Casandra: él tiene una visión pero en su país no le hacen caso debido a que los estadounidenses tienen "una relación casi religiosa con la empresa privada". Por eso acude a Europa y elogia al Gobierno y al Parlamento de la Unión Europea por llevar a cabo sus propuestas.

Todo su discurso se articula en torno a la "democratización" de la energía y la descentralización derivada de Internet (el poder lateral); sin embargo, para cumplir estos objetivos acude y se reúne con los políticos y los ejecutivos de las grandes empresas. No se detiene en el estudio del marco institucional que permitiría aflorar estas pequeñas empresas, pero sí narra los tejemanejes políticos para obtener subvenciones. No queda clara la viabilidad financiera de su propuesta a pesar de que en el capítulo tercero expone algunos proyectos que él y su equipo han llevado a cabo en San Antonio (Tejas), Roma, Utrecht o en el principado de Mónaco. Muestra su desacuerdo con el análisis realizado por Adam Smith (al que quiere "jubilar" en el capítulo séptimo), que describió el funcionamiento del sistema descentralizado del mercado y, sobre todo, denunció las distorsiones debidas a las malas mañas de algunos empresarios (subvencionados) y políticos para obtener rentas a costa de los consumidores y de aquellos productores más emprendedores. Es decir, el economista y filósofo escocés puso los cimientos para explicar cómo las variaciones de los precios suministran una información que permite señalar dónde están los problemas y estimular a los empresarios a solucionarlos a cambio, eso sí, de obtener un beneficio. Rifkin prefiere primar "la necesidad de sociabilidad" y "el ansia de comunidad" de los humanos más que sus intereses crematísticos, aunque parece desconocer las reflexiones de Smith sobre el altruismo de los seres humanos. Uno de los instrumentos más poderosos que tenemos para salir de la crisis y de los problemas energéticos son las ideas; como aquellas que surgieron modestamente en el garaje de un rincón apartado de California (Apple). Estas ideas son más prometedoras que las que se conciben en las cabezas de algunos gurús que predican desde el otro lado del Atlántico, como Michael Moore, Al Gore o Jeremy Rifkin. Este incluso quiere dar lecciones a los emprendedores para concienciarles de su visión, emprendedores que por cierto no se mueven por los despachos de los políticos y grandes empresarios con los que Rifkin se codea continuamente y trata de tú a tú. Las ideas de un Steve Job que emprenda la tarea de ofrecernos una fuente de energía renovable a precios asequibles y fácilmente acumulable son las que necesitaríamos para resolver el problema energético actual.






lunes, 7 de noviembre de 2011

Libro de la semana: Las cualidades del líder

  • Las cualidades del líder. Joseph S. Nye. Paidós. Barcelona, 2011. 240 páginas.



Hay autores que cuando dan con una distinción conceptual afortunada ya no la sueltan. Éste es el caso de Joseph Nye, que viene desarrollando desde 1989 las consecuencias derivadas de distinguir entre poder duro y poder blando. Como es conocido, el primero se basa más en las facultades para usar de la amenaza -el "palo"- y la recompensa -la "zanahoria"-; el segundo, en la capacidad de atracción de quien lo ejerce. Nuestro autor lo ha utilizado profusamente, y con mucho éxito, en el ámbito de las relaciones internacionales. Ahora trata de aplicarlo también al liderazgo. Desde luego, no como el criterio fundamental ni único a partir del cual explicar por qué algunos líderes triunfan y otros fracasan en el ejercicio de sus funciones. Nye es bien consciente de que las cualidades del líder son un intangible que no se abre a una explicación sencilla, y de que estamos ante uno de esos conceptos disputados que sólo cobran inteligibilidad a partir de una extensa consideración de supuestos prácticos. Puede que sea aquí, en la importancia asignada a los elementos contextuales, donde se encuentre lo mejor del libro. También en iluminar la dependencia mutua entre los líderes y sus seguidores y la forma en la que esta interacción nos ilustra sobre su eficacia relativa. El libro se adentra así, bien asentado sobre las espaldas de autores clásicos que van de Laozi y Maquiavelo hasta la profusa literatura actual sobre liderazgo político y empresarial, en este objeto esquivo donde los haya. Su intención es atraparlo en categorías que den cuenta de sus muchos "estilos", crear un poco de orden conceptual y analítico. Y el viaje merece la pena, porque al final todas las clásicas explicaciones en términos de carisma y de supuestos rasgos personales del líder dan paso a otras menos épicas pero más sutiles y eficaces. La clave estaría en una adecuada aplicación de lo que el autor llama "inteligencia contextual", la capacidad del líder para detectar cuándo es necesario hacer un uso correcto de sus habilidades de poder duro o blando, o de hacer prevalecer un estilo "transformacional", donde predominan la visión, la comunicación y lo emocional, u otro más "transaccional", más apoyado sobre la habilidad organizativa y la perspicacia política. Cuál de estas habilidades se haga preponderar dependerá, pues, al modo maquiaveliano, de los rasgos específicos de la realidad que trata de disciplinar y/o transformar; de cuestiones tales como la cultura en la que se inserta, las necesidades y demandas de sus seguidores, la específica distribución del poder, la información disponible o la situación de crisis o urgencia en la que se encuentre. Un buen líder, por tanto, debe ser versátil, de amplias aptitudes y gran capacidad para leer las diferentes coyunturas en las que se requiere su intervención; debe poseer lo que Nye califica como "poder inteligente" (smart). Si los tiempos de Maquiavelo hacían necesario que el príncipe supiera encontrar un buen ajuste entre la fuerza del león y la astucia del zorro, ahora parece requerirse la capacidad de adaptación del camaleón. Quizá porque no es el momento más brillante para el ejercicio de la acción política en un sentido enfático. Son tiempos sistémicos, de grandes mudanzas, de fuerzas y poderes encontrados y superpuestos en los que sólo se consigue sobrevivir y ser eficaz con un gran sentido para la adaptación a los siempre mutantes caprichos de los seguidores, de los medios de comunicación y de las circunstancias sociales. Un entorno, en definitiva, donde tendrá más posibilidades de triunfar cuanto antes abandone las actitudes masculinas del ordeno y mando y se abrace una dimensión más "femenina" en la gestión de su poder. O, lo que es lo mismo, gran capacidad organizativa, inteligencia emocional y atención a los detalles.


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viernes, 4 de noviembre de 2011

Columna Quimera: Oportunidad y Amenaza

LULA APUESTA POR PEMEX. En medio de la refriega y la polémica por la participación de PEMEX en la petrolera española Repsol, surgió una voz que añade una perspectiva geopolítica al debate: el expresidente brasileño Lula da Silva, quien apostó por la asociación estratégica de PETROBRAS y PEMEX para explotar los yacimientos de Sudamérica y compartir tecnología. Según Lula, México tiene que mirar también un poco hacia el sur, porque es competitivo, con más de 100 millones de habitantes y que al compararse con el tamaño de otras naciones como Venezuela, Colombia, Perú, Argentina o Brasil, salta a la vista que puede crear nichos de oportunidad para crecer más, aumentar sus exportaciones, buscar nuevos socios comerciales y construir nuevas alianzas.

El ejemplo de la compañía petrolera brasileña nos muestra una expansión tanto de la marca (su presencia global está fuera de toda discusión), como de la tecnología. Brasil propuso recientemente la creación del Anillo Energético Sudamericano, en el marco de la UNASUR, y tiene a su cargo los principales yacimientos de gas en Bolivia, las centrales hidroeléctricas de Yaciretá e Itaipu, ambas en el Paraguay y los pozos de perforación en aguas profundas del Atlántico, que han sido puestos como modelo para PEMEX cada que se habla de la exploración en aguas profundas. Además, tiene firmados convenios de colaboración con las GASPROM y RUSOIL, empresas de la Federación Rusa con quienes interviene en el abasto de energía a Cuba.

La propuesta de asociación es, sin duda, interesante y actores políticos, ya han dejado claro su punto de vista, la petrolera necesita de la iniciativa privada.

Como siempre que se habla de energía y petróleo en México, las preguntas que habría que responder son; ¿qué futuro queremos para PEMEX?, ¿necesita PEMEX acuerdos de cooperación?, ¿queremos los mexicanos que nuestra petrolera se convierta en una multinacional, con sus costos y sus beneficios?

Es triste, que los actores políticos de este país, tal cual dijo Lula, no tengan ni idea de la importancia que esta propuesta tendría para México, para PEMEX y para América Latina.

TENENCIA TINTE ELECTORAL. Uno de los puntos de conflicto en la negociación del paquete fiscal 2012, ha sido la desaparición de la tenencia federal a partir de enero próximo.

Esto reduce los ingresos de los gobiernos estatales y los obliga a tomar una serie de decisiones que les permita compensar: crear nuevos impuestos locales o incrementar los ya existentes (como el derecho vehicular que acompañaba a la tenencia federal).

Lo que es un común denominador entre prácticamente todos los gobiernos locales es que, en pleno proceso electoral, ninguno está dispuesto a autorizar nuevos impuestos e incurrir en los costos políticos de hacerlo. En contraste, buscarán fuentes alternativas de financiamiento provenientes de la federación, como el impuesto especial a la gasolina de más de 30 centavos por litro, que al igual que la tenencia, es 100% participable y cuya vigencia se pretende ampliar al menos hasta el 2014. Un segundo punto que complica la negociación del paquete fiscal es que a la par se está negociando el nombramiento de los tres consejeros faltantes del Instituto Federal Electoral. Esta situación, en vez de abonar a los acuerdos necesarios para destrabar la discusión financiera, la complica aún más, contamina lo mínimo logrado y detiene cualquier posibilidad de acuerdo político que beneficie al país.

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martes, 1 de noviembre de 2011

Columna Quimera: insuficiencia recaudatoria

Uno de los temas de mayor trascendencia en el análisis que se da año con año en periodos de discusión del paquete fiscal y las asignaciones de gasto para el siguiente año es, sin duda, el tema de la recaudación, en nuestro país la eficiencia en términos de recaudación ha ido mejorando paulatinamente, aunque todavía estamos lejos de lo deseado.

Los datos de junio del presente año, hechos públicos la semana pasada, muestran que los ingresos del Sector Público Presupuestario se ubicaron en 1’523,482.20 millones de pesos creciendo en términos reales 4.6%. Mientras que en el 2003, el Registro Federal de Contribuyentes estaba compuesto por 9.4 millones de contribuyentes activos según el SAT, a diciembre de 2009, el padrón se conformó de 28.3 millones, a diciembre del 2010 la cifra se ubica en 33 millones  de de registros activos.

En este orden de ideas, es importante distinguir entre la “eficiencia” y la “eficacia” recaudatoria, en el ámbito de la administración tributaria internacional, la eficacia se refiere a la capacidad de gestión de la administración tributaria en los diversos campos de su accionar, mientras que la eficiencia tributaria normalmente se refiere al uso óptimo de los recursos captados y a la minimización del costo de la administración. Aunque en México, el SAT utiliza el término “eficiencia recaudatoria” para referirse a los niveles de recaudación provenientes de sus acciones, lo que no deja de ser irónico.

En nuestro país se ha aplicado una política fiscal más o menos responsable, donde las metas del déficit presupuestario se logran y donde la postura central es adecuada, incluso se reconoce que el déficit ha disminuido alrededor del 2.5% como porcentaje del PIB, pero quedan los problemas de la estructura de la deuda pública de los estados.

La Federación reparte tarde y mal el dinero que corresponde a los estados, y éstos no siguen con rigor los controles de gasto y el ejercicio de los recursos públicos, así tenemos estados y municipios endeudados hasta el tuétano, con las consecuencias que ello implica. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, de los 32 estados de la República sólo tres entidades, Distrito Federal, Estado de México y Veracruz, estarán por encima de la línea de pobreza en el 2030. Ni hablar de los 2 mil 435 municipios de la República, de los que sólo 18 lograrán situarse en niveles básicos de desarrollo humano para tal fecha.

Para ahondar en esta idea cabe señalar un dato: en la iniciativa de decreto de la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2012 las estimaciones de la SHCP en el tema de los ingresos, indican que en 2012 éstos llegarán a 3 billones 706 mil millones de pesos.

Es muy importante que los mecanismos de recaudación sean del todo eficientes y permitan al Estado contar con mayores ingresos por la vía de los impuestos, ya que los que se obtienen por el petróleo están sujetos a los vaivenes del precio internacional, como en los últimos años ahora la economía nacional se encuentra petrolizada, y ya no es posible depender de este factor, si no se corrige la insuficiencia recaudatoria estaremos en severos problemas en los próximos años.
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lunes, 31 de octubre de 2011

Libro de la semana: La tumba de Lenin

  • La tumba de Lenin, David Remnick. Editorial Debate. Barcelona, 2011. 850 páginas.


El verdugo en jefe del KGB, mano derecha de Laurenti Beria, se llamaba Vasili Blojin. Le correspondió en marzo de 1940 organizar y dirigir personalmente el asesinato, ordenado por el Politburó del PCUS dirigido por Stalin, de varios miles de oficiales polacos prisioneros del Ejército soviético en Katyn, Kalinin y Starobelsk. Los asesinatos se hicieron uno por uno y la tarea se prolongó, en las horas nocturnas, durante un mes. Se conducía al prisionero a una cabaña con una habitación insonorizada. El mismo Blojin, previsoramente pertrechado con un delantal de carnicero y guantes hasta los codos, se encargó de pegar el tiro en la nuca a seis mil prisioneros, a razón de uno cada tres minutos, lo que le ha valido pasar a la historia como uno de los asesinos en serie más importante de la historia. Fue felicitado y condecorado por servicios especiales a la patria. Pero más tarde, cuando Jruschov desveló los crímenes de Stalin y se le retiraron las medallas, cayó en el alcoholismo y la demencia, y se suicidó en 1955.

Estos datos que el chófer de Blojin, ya anciano y ciego, contó ante una cámara a finales de los años ochenta, estos detalles dantescos, el delantal de cuero y los guantes de Blojin, no tienen sólo el atractivo magnético de lo monstruoso; son históricamente significantes, como nos recuerda David Remnick, el autor de esta copiosa y fascinante crónica periodística del colapso del imperio soviético; después de que Moscú reconociese la autoría de la matanza de Katyn, ya no era concebible, si alguien lo hubiera intentado, frenar el proceso democrático de Polonia. Y algo parecido pasaba en otras partes del imperio: en Asia central, cuando se revela que las repúblicas han sido reducidas a un monocultivo de algodón para vestir a toda la URSS, llevándose por delante el mar de Aral; en las repúblicas bálticas, al salir a la luz los protocolos secretos del pacto Molotov-Ribbentrop que las entregaba a Moscú; en Ucrania, la catástrofe de Chernóbil y la torpe y engañosa gestión de las autoridades en los días siguientes. Y por toda la extensión de la URSS, a rebufo de la glásnost y la perestroika, las continuas, sistemáticas, insoportables revelaciones del pasado siniestro, que desmoralizaban y dejaban atónitos a los seguidores del antiguo régimen y a los partidarios de una reforma más o menos epidérmica, e indignaban y galvanizaban a quienes querían que aquel desapareciese sin dejar rastro.

Remnick llegó a Moscú, como corresponsal de The Washington Post, en enero de 1998, y su primer objetivo fue intentar entrevistar a Kagánevich, el único miembro del Politburó que ordenó la matanza de Katyn que aún permanecía vivo; el relato de las numerosas y vanas llamadas al timbre de su puerta da una sugestiva nota atmosférica, una más entre tantas -personas encontradas, lugares significativos visitados, conversaciones sostenidas, viajes efectuados a los lugares más remotos del imperio- que contribuyen a dar a su crónica el tono febril de historia vivida, de testimonio personal característico de los grandes relatos periodísticos. Remnick permaneció en Moscú hasta finales de 1991. Esta crónica de aquellos cuatro años, con frecuentes excursos hacia el pasado, que le valió el Premio Pulitzer en 1994, se divide en cinco partes: la primera es un recuento de los primeros pasos de la perestroika desde que Gorbachov, a la muerte de Chernenko, es nombrado secretario general a propuesta nada menos que de Andréi Gromyko, y los primeros efectos del proyecto, desbordado por los acontecimientos, de renovar y adecentar el proyecto socialista; la segunda, 'Puntos de vista democráticos', describe el periodo, hasta finales de 1991, con los movimientos y reacciones reflejas de Gorbachov ante los desafíos cotidianos, la irrupción en la actividad política de nuevos agentes y fuerzas nacionalistas y anticomunistas, y una magnífica variedad de fenómenos interesantes, curiosos y a veces grotescos, desde el simbólico regreso de Sájarov a Moscú hasta la floración de curanderos e hipnotizadores estrambóticos en la televisión, o las campañas de los desprestigiados órganos del Estado para presentarse ante una luz más favorable; incluida, por ejemplo, la elección de "señorita KGB": la bella agente Katia Mayorova, que aparecía en la portada del Komsomolskaya Pravda colocándose el chaleco antibalas "con gesto seductor", según el artículo que decía, "con una suavidad exquisita, como si luciera un modelo de Pierre Cardin".

La tercera parte, 'Días de revolución', cuenta la toma del poder por procapitalistas radicales en la región de Moscú y la victoria del movimiento nacional en Lituania; la cuarta, 'Primero como tragedia, luego como farsa', cuenta al detalle el fracasado golpe de Estado fallido de agosto de 1991. Y en la quinta parte, los primeros pasos del catastrófico Gobierno de Borís Yeltsin, la ilegalización del partido comunista, el hundimiento de la economía, la diáspora de docenas de millones de rusos, la entrega de las riquezas del país a las mafias y a los oligarcas... Lástima que Remnick regresase de Moscú antes de 1993, y así nos haya dejado sin el relato del bombardeo del Parlamento por el Ejército, que es el episodio más traumático de la reciente historia rusa y que ilumina, cegadoramente, la era de Putin.

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martes, 25 de octubre de 2011

Libro de la semana: Cristianos

  • Cristianos. Jean Rollin. Libros del Asteroide. Barcelona, 2011.165 páginas.

Algunos se extrañan aún al saber que no todos los árabes son musulmanes, que los hay cristianos en Líbano, Siria, Palestina o Egipto. Pues sí, millones de árabes comparten lengua y cultura con sus compatriotas musulmanes, pero a la hora de rezar se dirigen a una cruz, son ortodoxos, maronitas, católicos, melquitas, nestorianos o coptos. ¿De dónde han salido? Fácil: sus ancestros habitaban Oriente Próximo antes de que, en el siglo VII, naciera el islam, eran los primeros seguidores de Jesús de Nazaret, los fieles de las primigenias, y muy divididas, iglesias orientales.En Cristianos, el periodista francés Jean Rollin habla de los de Tierra Santa. Y cuenta cómo, a la par que se consideran descendientes de los apóstoles, que, a fin de cuentas, eran de allí, se sienten identificados con la causa nacional palestina. Esto les sitúa entre el martillo del fundamentalismo musulmán y la pared de la ocupación militar israelí. La presión es tal que, desde hace lustros, el éxodo de los cristianos palestinos hacia Occidente es incesante.Cristianos es una crónica que, como todas las buenas, se lee como un libro de viajes. Sorteando los pesadillescos controles militares israelíes, Rollin visita iglesias, monasterios, cementerios, comercios, casas y restaurantes; charla con la gente y va contando sus historias. Como la de Alice-Mirza, administrativa en un hospital, a la que, a las cuatro de la madrugada, han despertado soldados israelíes que buscaban a su marido. Los soldados, relata Alice-Mirza, han irrumpido en la casa, la han registrado, han aterrorizado a los cuatro niños y no han dado con el marido, que pernoctaba en otro lugar. Al irse, le han dicho que si el marido no se entrega, lo matarán cuando lo vean. Así termina Rollin esta historia: "Como la mayoría, tal vez la totalidad, de los cristianos palestinos, Alice-Mirza tiene a una parte de su familia, la más numerosa, en el extranjero".Ya en las Cruzadas, los cristianos de Oriente, como contó Amin Maalouf, optaron por sus compatriotas musulmanes frente a los invasores europeos. Y en el siglo XX, muchos cristianos lideraron el nacionalismo árabe de corte laico y progresista. Con más razón en el caso palestino, donde su simpatía por la multiconfesional OLP de Arafat ha sido inquebrantable. Rollin cuenta, por ejemplo, la historia de William y Tania. William se implicó en la resistencia palestina, fue detenido y pasó dos años y medio entre rejas. Cuando salió, él, Tania y sus hijos se fueron de peregrinación a Lourdes.Así son los cristianos de Tierra Santa, los custodios de la basílica de la Natividad y del Santo Sepulcro: artesanos de la madera de olivo, médicos y maestros, embotelladores de agua del Jordán, ingenieros y mecánicos, productores de buen aceite... Gente que, pese al espíritu de resistencia que comparten con los maronitas de Líbano y los coptos de Egipto, está en peligro de extinción. ¿Sobrevivirán a la ocupación de Israel, al acoso de los islamistas, a la indiferencia de los demócratas occidentales? Quién sabe, tal vez sí. Lo cuenta de esta guisa el padre Raed, párroco de Taybeh: "Si yo tuviera que ser el último cristiano palestino, me casaría y empezaría de nuevo".
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miércoles, 19 de octubre de 2011

Columna Quimera: Los BRIC ante el fuego griego

Los peligros de una excesiva dependencia del endeudamiento han quedado al descubierto con la crisis financiera, los temores de que Grecia caiga en cese de pagos son cada vez más grandes y los mercados responden al nerviosismo que lo rodea. Según información del FMI, la deuda Griega era, hasta junio de este año, de 327 mil millones de euros, equivalente al 150% de su PIB, y las cifras al cierre del segundo trimestre se recrudecen aún más, el PIB se contrajo a un ritmo anual de 7.3% y el desempleo se sostuvo en 16%, evidenciando una profunda recesión.

El país está reduciendo el gasto público, elevando los impuestos y reduciendo los salarios; sin embargo, se ha rehuido al endurecimiento de estas medidas, por el elevado costo político que implican, porque son restrictivas y contribuyen a incrementar la recesión en la que vive ese país, lo que significa mantener un círculo vicioso que agudiza aún más el problema fiscal del déficit y de su deuda.

Parece no haber un mecanismo efectivo de aislamiento y contención del problema griego, por parte de la Unión Europea, que ayude a un ajuste más equilibrado entre gasto y precios. Grecia necesita abrir la posibilidad de una devaluación cambiaria abandonando la unión monetaria y restableciendo su antigua moneda: el dracma. Esto daría promoción a sus exportaciones y permitiría restablecer el crecimiento económico.


Los mercados financieros han aumentando la probabilidad de insolvencia del gobierno Griego (por arriba del 90%) y la necesidad de reestructurar su deuda; por lo pronto, el financiamiento para Grecia esta encareciéndose.

La gravedad del asunto es que el problema no se limita a las fronteras griegas, sino que tiene efectos importantes en el resto de Europa y del mundo. Los diferenciales de las deudas soberanas de países como Irlanda, Portugal, España e Italia (la tercera economía más grande de Europa) también han venido aumentando.

Ante el difícil panorama, entre las opciones que se han barajado para paliar actual crisis en Europa, está la participación de los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) en un rescate a la eurozona, esta posibilidad contempla que las economías que hasta hace algún tiempo eran consideradas por los organismos internacionales y países industrializados, como los problemáticos e indisciplinados del planeta, han mantenido un equilibrio en las finanzas públicas y poseen fortaleza en el mercado interno, lo que les provee de liquidez financiera.

Existe un cambio en la riqueza mundial, la crisis financiera global ha acelerado el traspaso del poder económico de las economías desarrolladas a las economías en desarrollo; según estimados del Banco Mundial los países emergentes promediarán un crecimiento anual de 4.7% entre 2011 y 2025, mientras que las economías desarrolladas lo harán a un ritmo de sólo 2.3%; en un estudio hecho por Consultores Internacionales, S.C., estima que en el corto plazo, el PIB de China seguirá creciendo alrededor de 9%, y el de India alcanzará una tasa de crecimiento de aproximadamente 7.5%. Europa y Estados unidos son grandes consumidores de productos que se elaboran en los países emergentes, los recursos financieros de países como el bloque de los BRIC pueden ser invertidos en Europa para ayudar a que sus clientes no se hundan. Pueden evitar que la eurozona se paralice, lo que a su vez impediría que sus propias economías se estanquen.

lunes, 17 de octubre de 2011

Libro de la Semana: Delirio


  • Delirio, David Grossman. Editorial Lumen. Barcelona, 2011. 230 páginas.

El amor no existe. O mejor dicho, la persona amada no existe. Existe eso que construimos a partir de un detalle físico, un tono de voz, un perfume, sobre todo a partir de un indistinto deseo. Un día nos sorprende no hallar a nuestro lado ese supuesto ser amado, y a partir de nuevos detalles volvemos a crear (aunque a veces somos incapaces de crear) un nuevo objeto del deseo. El amor es un acto de creación continuo.

Por lo general, el ser imaginado por nuestro deseo y el ser de carne y hueso mayormente coinciden. A veces, sin embargo, no, y el deseo inventa para satisfacerse personajes y argumentos irreales que desbordan de la pasión y se contaminan de pesadilla. Como punto de partida, basta un detalle, la boca, por ejemplo, "la boca en tensión, una boca que enseguida va a ser besada, que se relajará y se inflamará ardiente, porque unos labios se posarán sobre esos labios, al principio sólo rozándolos, apenas tocándolos, aunque después la lengua esbozará su contorno todo alrededor mientras estos se esforzarán en no sonreír porque enseguida se oirá un gemido" que se convertirá, para el protagonista de Delirio, en un eco oído en el tiempo, ese tiempo que "es como la celda circular de una cárcel". Para el amante, los límites de lo que deseamos y de lo que tememos coinciden, porque la agonía amorosa supone la imaginación del infortunio (del desamor, la indiferencia, la infidelidad) sin requerir más pruebas que un quizás. "El amor es fuerte como la muerte, implacables como el infierno los celos", explica el autor del Cantar de los cantares, citado por David Grossman en el epílogo a su novela.

Grossman es uno de los más grandes novelistas de nuestra época, capaz de convertir en universal historias mínimas y de dar vigencia local a grandes temas ancestrales. La que es quizás la más famosa de sus novelas, Véase: amor (1992) podría servir de título a casi toda su obra, porque, según Grossman, es sólo a través de la concepción amorosa, a través de un esfuerzo de apasionada creación imaginativa, que podemos saber quiénes somos, dando cuerpo y alma a quienes nos rodean, a quienes amamos y odiamos, identificándolos, interpelándolos, armándolos a partir de piezas sueltas, dando vida a una realidad cierta o falsa.

El tema de Delirio son los celos, es decir, el infierno, es decir, la construcción del sufrimiento, es decir, la creación literaria. Cuando Shaul, el marido apasionado, se interroga sobre las acciones de su mujer, Elisheva, que dice ausentarse todas las tardes para (según dice ella) ir a nadar, e imagina que el pelo mojado con el que regresa, y las palabras cariñosas no son sino mentiras para ocultar su traición con otro hombre, Shaul usurpa la prerrogativa del autor, la de inventar historias que resulten más verdaderas que la verdad. Para esos encuentros imaginados (y que para él son ya fehacientes), Shaul crea detalles escabrosos y ardientes, sutilezas psicológicas, itinerarios audaces y posibles. Preso en su propio relato, Shaul comprueba, como todo autor de ficción talentoso, que la realidad le ofrece pruebas para su delirio: aparentes coincidencias, presagios, indiscreciones. El "quizás" inicial se desvanece: los temores y dudas se convierten en certezas. El infierno es ahora real.

La ciencia define un fenómeno de contagio psíquico que llama folie à deux: la locura de Shaul alcanza y encierra a su cuñada, la abúlica Esti, mujer de su hermano Mija, quien acepta conducirlo a desenmascarar a los supuestos infieles. "Cuéntamelo todo, Shaul", le dice, y desde el asiento trasero del automóvil que ella conduce, Shaul, sufriendo de una pierna misteriosamente maltrecha, elabora para su cuñada una suerte de crónica de la infidelidad supuesta, que Esti va alimentando con sus preguntas como una niña ávida de conocer los nuevos episodios de un cuento de hadas, de llegar al final que, esta vez, no debe ser feliz. Ese final nunca llega: la historia se interrumpe antes de que Shaul y Esti encuentren a los anunciados adúlteros. Como en la ficción literaria, en la ficción amorosa la resolución no importa. Existe mientras se está creando, para luego recrearse infinitamente en el recuerdo.

"Los celos", concluye Grossman, "nos llevan a crear, con todo el poder de nuestra imaginación y de nuestro deseo, un paraíso del que nosotros mismos nos vamos a desterrar". Habiendo imaginado ese paraíso amoroso, y sabiendo que no lo merecemos, hemos imaginado un infierno para poder decir que, aunque no para nosotros, el amor sí existe.


lunes, 10 de octubre de 2011

Entrevista a Randall Way: el fin del capitalismo de gestión

Por Randall Wray (*)

La burbuja de los precios de las materias primas, su origen y sus consecuencias. El Dr. Randall Wray, respetado economista de la Universidad de Missouri, Kansas City, fue comisionado por el Congreso en 2008 para hacer un seguimiento de los mercados de materias primas cuando los precios batían récords a comienzos del verano, para desplomarse en julio. Ahora ha hablado con nosotros en Bezinga Radio planteando muchas hipótesis interesantes sobre la dinámica de evolución de los mercados de materias primas y el significado estadístico del cambio de los precios a que estamos asistiendo estos últimos años.

¿Qué despertó su interés por “el asunto de las materias primas” desde una perspectiva estadística?

Bueno, ni que decir tiene que puede haber una escasez de oferta de cualquier materia prima o de cualquier mercancía. Eso ocurre. Frente a una demanda creciente, el precio puede subir de modo muy significativo, y eso causa un uso más conservador de la misma, la substitución por otra materia prima, lo que induce a quienes la ofrecen a ofrecer más. De modo que alguna variabilidad en el precio de las materias primas no es una cosa infrecuente. Hay 33 materias primas básicas e índices que incluyen a las 25 más importantes, y si usted mira el conjunto de ellas, lo raro es que en todas ellas se estén disparando los precios al mismo tiempo.

A primera vista, eso resulta harto improbable. ¿Por qué deberíamos tener escasez de oferta en todo el abanico de materias primas y una demanda disparada de todas y cada una de ellas? Eso te fuerza a mirar con más cuidado, y a comparar los aumentos de precios de cada una de las materias primas con, digamos, la experiencia del siglo pasado en cada una de ellas. Y con lo que te encuentras es con que, tomadas una a una, los aumentos de precio son extremadamente improbables. En el caso de la mena de hierro, la probabilidad es de uno cada dos millones de años.

Entonces, cuando consideras la cesta entera de materias primas, y piensas en la probabilidad de cada una y multiplicas los factores, lo que está ocurriendo es algo simple y llanamente imposible.

¿Tenemos, pues, que llamar a eso “burbuja”?

Es algo sin ejemplo histórico: el simultáneo aumento de precio de tantas materias primas, todas a la vez. Eso te hace sospechar que algo de fondo está pasando. Entonces, si miras, digamos, al modo en que han cambiado los mercados financieros, al modo en que han cambiado las leyes que permiten a los [jugadores] financieros entrar en las materias primas, te encuentras con que hay una correlación extremadamente estricta en los ritmos: cuando los mercados financieros fueron liberalizados, pudieron empezar a especular con materias primas.

Lo constatas con el flujo de fondos hacia los mercados de materias primas, y lo que ves es que la correlación es del 100%. Cuadra de modo absolutamente perfecto con los flujos del sector financiero a las materias primas. Así empezó este boom de precios completamente histórico, y siguió hasta otoño de 2008. Y luego, los flujos empezaron de nuevo. Aquí están otra vez, y lo que tenemos es otro boom de los precios de las materias primas.

¿Cómo empezó todo esto?

Todos recordamos que tuvimos la burbuja de alta tecnología, seguida de su colapso. Los gestores del dinero comenzaron a buscar una clase de activos que no estuviera altamente correlacionada con los precios de las acciones en los mercados de valores. No quieres “poner todos los huevos en la misma cesta”, en las bolsas, o en cosas correlacionadas con el mercado de valores. Quieres diversificar y poner dinero en algo que no esté correlacionado con los valores de las bolsas. Los CFTC [reguladores de mercados de futuros de materias primas, por sus siglas en inglés] y la propia industria hicieron estudios empíricos que mostraban que hasta ese momento no había correlación entre los precios de las materias primas y los de los mercados de valores. Recorrieron todo el país y dijeron a los gestores de dinero –la gente que gestiona los fondos de pensiones—: “¡Eh, oigan!. Miren lo que hemos constatado: los precios de las materias primas no están correlacionados con el mercado de valores. Tienen ustedes que diversificar”.

Entonces, el Congreso, en su infinita sabiduría, desreguló los fondos de pensiones. Hicieron leyes de modo tal, que prácticamente forzaba a los gestores de los fondos de pensiones a diversificar invirtiendo en materias primas. Los fondos de pensiones empezaron a fluir a comienzos de la década de 2000 hacia las materias primas. Eso empezó a llamarme la atención a mediados de la década. Comencé a observar, y empiezas a ver esa extraña cosa que son los participantes en los mercados financiaron comprando, o alquilando, silos de grano para almacenar el trigo que habían estado comprando. Estaban diversificando con las cosas físicas. El problema es que eso cuesta dinero para almacenar las materias primas físicas. Los costes de almacén llegaron un pico sin parangón, así que tuvieron que pensárselo. ¿Cómo podían comprar materias primas sin almacenarlas? Bueno, eso lo haces en los mercados de futuros.

Esto es lo que los fondos de pensiones decidieron entonces: “Vamos a diversificar, tal como se supone que debemos hacer, con las materias primas. Vamos a comprar piezas de papel, en vez de materias primas Lo que haremos será asignar, digamos, un 5% del total de nuestros activos a las materias primas”. Todo esto suena bien, pero debería recordarse que los fondos de pensiones son enormes. Los fondos de pensiones tienen activos equivalentes al 75% del PIB. De modo que, aun tratándose sólo del 5% del total de sus activos, se trata de cantidades ciclópeas de dinero, y además, puedes llegar a hacer apuestas en dólares cinco veces mayores que las existencias reales de una materia prima física. En la medida en que los fondos de pensiones están asignando continuamente cada vez más dinero a las materias primas, presionan al alza su precio. Es una profecía que se cumple a sí misma, porque los flujos financieros empujan los precios al alza.

El principal contraargumento que se objeta a esta explicación es que los mercados emergentes están generando una demanda extraordinaria de estos activos duros a medida que crecen sus economías.

Hice observaciones detalladas de eso en 2008, porque la de las presiones de la demanda era la explicación favorita de casi todos los economistas. Los asistentes de un Senador me buscaron para decirme que no podían encontrar un solo economista que no contara esta historia de la oferta y la demanda. Y aún es así.

Les dije que lo miraría. El problema era que esa historia no cuadraba con la verdad. En aquel momento, el petróleo había llegado a los 150 dólares por barril. Observé el uso real del petróleo: había descendido, porque nuestra economía estaba ya cayendo en otoño de 2008. Simplemente, no era verdad. Es verdad que la demanda china había aumentado, pero la demanda estadounidense había estado cayendo, lo que anulaba los efectos de la demanda china. No había habido aumento en el consumo de petróleo, mientras que los precios se habían prácticamente triplicado.

Hubo una investigación en el Congreso. Escribí un informe, un tipo llamado Mike Masters testificaba en el Congreso. Era un experto en el mercado de materias primas que estaba diciendo: “Simplemente, no es verdad. No es la oferta y la demanda. Es el flujo de los fondos de pensiones y otros hacia los contratos de futuros lo que está disparando el precio”.

Lo divertido es que, tras esos informes y esos testimonios en el Congreso, ¿qué pasó con el precio del petróleo? Pues que cayó unos 27• –por debajo de los 50 dólares el barril— inmediatamente. Si vuelves a mirar los flujos financieros, la correlación es perfecta. Los fondos de pensiones sacaron 1/3 de su dinero de las materias primas, porque temían que [los congresistas] Lieberman y Stupack fueran a impulsar leyes en el Congreso para limitar las posibilidades de compra de materias primas por parte de los fondos de pensiones. También estaban preocupados por la pérdida de imagen entre sus propios clientes si se descubría que los fondos de pensiones disparaban el precio de la gasolina en la estación de servicio. Así que sacaron dinero.

Claro que entonces teníamos otros problemas económicos de los que preocuparnos. El Congreso pasó a ocuparse de otras cosas, no se aprobaron leyes limitadoras de la especulación con las materias primas. Estallaron los mercados de bienes raíces, y los fondos de pensiones no tenían donde colocar sus dineros, salvo en las materias primas y en los mercados de valores, de modo que volvieron a empezar a invertir dinero, y los precios volvieron a subir.

¿Y el contraargumento que culpa a la Reserva Federal y a su política de dinero fácil?

Sí, está este argumento, ya sabe, del “helicóptero de Ben [Bernanke] arrojando todo el dinero efectivo posible en la economía. Tendremos hiperinflación tarde o temprano, y sabemos que las materias primas son una buena cobertura contra la inflación”. Esto es falso. Las materias primas son una pésima cobertura contra la inflación: mire, si no, el precio del oro. Incluso con ese tremendo boom especulativo del precio del oro, en términos de inflación ajustada, su precio sigue estando por debajo del de 1980.

¿Y cuando esta burbuja estalle, será otra catástrofe?

Supongamos que un fondo de pensiones tiene un 5% de sus activos en materias primas. Supongamos que el precio de las materias primas cae un 50%. Resultan poco perjudicados por eso, pero no es una catástrofe. ¿Cómo podría llevar eso a una catástrofe financiera? Además, a los consumidores les va mejor cuando los precios de las materias primas caen. A fin de cuentas, experimentamos cierto alivio cuando vamos a la gasolinera, etc.

¿No sería estupendo?

Aquí está el problema. Hay muchas vías por las que eso podría afectar a la economía. Primero, sí señor, los fondos de pensiones sufren un golpe. Segundo, otros tipos de instituciones financieras que están en los mercados de materias primas, en la medida en que eso golpea a los bancos (bueno, los bancos ya se han visto golpeados por todo tipo de cuitas). A todo lo largo del espectro de activos, están en problemas. Probablemente son insolventes. Y eso no haría sino agravar sus problemas. Tercero, daña a los productores. En 2008, cuando colapsaron los precios de las materias primas, los granjeros estadounidenses sufrieron grandes daños Ya están sufriendo ahora. Así que aumentarán su dificultades. No podrán devolver sus deudas. Eso perjudicará a sus bancos, etc.

Cuarto: sabemos que hay un elevado apalancamiento y acodamiento en todo el sector financiero, de modo que una institución financiera debe a otra institución financiera. Si nos remontamos a los años 80 del siglo pasado, alguno recordará que los hermanos Hunt habían arrinconado el mercado de la plata. Se creían realmente brillantes. Tomaban dinero a préstamo para comprar plata, y se figuraban que, una vez hubieran arrinconado el mercado, tendrían el control total de la plata y podrían fijar el precio de la misma a su antojo.

Tuvieron exigencias de colateral que tenían que honrar. Para hacerlo, tuvieron que vender algunos activos. Vendieron plata, pero también vendieron otros activos. Resulta que los hermanos Hunt era ganaderos. Comenzaron vendiendo ganado. El precio del ganado colapsó. Ahora, nadie podía pensar que plata y ganado están altamente correlacionados, pero lo cierto es que lo están. Lo mismo va a ocurrir. Cualquiera que tenga materias primas va a vender materias primas, y cuando eso no baste para cubrir sus empréstitos, tendrán que empezar a vender otras cosas. Debido a los vínculos existentes, hay correlaciones muy extrañas. Otros mercados van a verse dañados también, a medida que caigan los precios de la materias primas, y la gente se verá obligada a vender materias primas, primero, y luego otros activos.

Díganos algo sobre el “capitalismo de los gestores de dinero”, una locución de la que se ha servido usted para hablar de todo esto.

El problema es que hay mucho dinero, demasiado, para tan pocos activos buenos. El monto total de las apuestas financieras en el mundo rebasa los 600 billones de dólares. No hay inversiones suficientemente buenas a la vista para absorber tal volumen de dinero. Lo que ocurre entonces es que van hinchando activos, uno tras otro. E inevitablemente, se desploman.

La única razón por la que salimos del desplome de 2008 es Washington: porque Washington rescató al sector financiero por un monto rayano en los 39 billones de dólares. La legislación Dodd-Frank hace muy difícil repetir esa proeza. No estoy diciendo que no encentre la forma de sortear las leyes, o que no encuentran la forma de volver a hacerlo. Podría ser, pero sería políticamente muy impopular. No estoy nada seguro de que sea capaces de volver a hacerlo.

Una vez que los precios comienzan a caer, todos los mercados de activos se conectan realmente. Aun si eso no resulta obvio, es realmente así. Los precios se desplomarán en todos esos mercados. Y no está nada claro que seamos capaz de frenar esto de nuevo otra vez. O al menos, no tan fácilmente como la última vez.

(*) Es uno de los analistas económicos más respetados de Estados Unidos. Colabora con el proyecto newdeal 2.0 y escribe regularmente en New Economic Perspectives. Profesor de economía en la University of Missouri-Kansas City e investigador en el “Center for Full Employment and Price Stability”. Ha sido presidente de la Association for Institutionalist Thought (AFIT) y ha formado parte del comité de dirección de la Association for Evolutionary Economics (AFEE). Randall Wray ha trabajado durante mucho tiempo en el análisis de problemas de política monetaria, macroeconomía y políticas de pleno empleo. Es autor de Understanding Modern Money: The Key to Full Employment and Price Stability (Elgar, 1998) y Money and Credit in Capitalist Economies (Elgar 1990).
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Libro de la Semana: Querido líder: vivir en Corea del Norte.

  • Querido Líder. Vivir en Corea del Norte. Barbara Demick. Turner. Madrid, 2011. 382 páginas
La megalomanía que afecta a la mayoría de los tiranos del mundo se ha trasladado a los medios de comunicación. Sabemos todo acerca de Kim Jong-il, el penúltimo de los dictadores comunistas: su obsesión por un programa nuclear en el que ha invertido los escasos recursos del país, su afición por el coñac, su fobia a viajar en avión, su gusto por las mujeres, el cine y las gafas excesivas. En cambio, como el llamado "reino ermitaño" es desde hace más de sesenta años uno de los regímenes más herméticos del planeta y tiene vetado el acceso a la prensa, no sabemos nada de sus súbditos, mejor dicho, de sus víctimas. Por ejemplo, que el derecho de pernada y el secuestro de bellas jóvenes norcoreanas para satisfacer los apetitos del excéntrico tirano de Pyongyang o Querido Líder es una costumbre habitual y heredada, como el cargo, de su padre Kim-il Sung, el Gran Líder. Esas revelaciones y otras semejantes, pero sobre todo saber qué siente y piensa el pueblo norcoreano, el gran enigma desde la división de la península coreana en 1948, es lo que consigue Barbara Demick, corresponsal de Los Angeles Times en Seúl y ahora destinada en Pekín, en Querido Líder. Vivir en Corea del Norte, su primer libro traducido al castellano, con el que ganó el Premio Samuel Johnson de la BBC. Y como en el llamado "paraíso en la tierra" no existe la libertad de expresión ni la capacidad crítica, Demick recurre a los testimonios de unos cien exiliados en Corea del Sur, aunque luego destila seis historias ordinarias que, queda claro desde la primera línea, son todo menos corrientes. Los protagonistas son oriundos de la ciudad de Chongking, la tercera en importancia y antiguo bastión industrial, que la autora considera más representativa que el decorado de cartón/piedra de la capital, Pyongyang, destinado a ocultar la verdad de un Estado en el que sus habitantes ganan menos de un dólar mensual y en el que pasar hambre es un "deber patriótico" (la hambruna de los noventa se cobró más de un millón de vidas). La historia más emotiva es la de dos jóvenes enamorados que, en medio de una realidad paranoica digna de Orwell, no se atreven a confesarse que quieren huir, una especie de Romeo y Julieta asiáticos porque pertenecen a dos castas diferentes. Ella, Mi- Ran, al estrato social más bajo (los beuhun: sangre contaminada por los pecados de los padres que se heredan) y él, Jung Sang, a la casta privilegiada. Ambos consiguen escapar y se reencuentran años después en Corea del Sur, pero nada es lo mismo. Ella, casada con un surcoreano, no sabe la suerte que han corrido sus dos hermanas, que podrían estar muertas o en uno de los muchos gulags existentes; mientras él, educado en una universidad de élite, se encuentra como miles de refugiados fuera de lugar en Seúl y cree que nunca volverá a ver a sus padres. Su historia representa el drama oculto de millones de personas en un país en el que los niños cantan en la escuela: "No tenemos nada que envidiar al mundo" (de ahí el título original en inglés, Nothing to envy) y nos revela más sobre la realidad que cualquier análisis sesudo sobre el programa nuclear norcoreano.
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lunes, 3 de octubre de 2011

Libro de la Semana: El triunfo de las ciudades

  • El triunfo de las ciudades. Cómo nuestra gran creación nos hace más ricos, más listos, más sostenibles, más sanos y más felices. Edward Glaeser. Traducción de F. Corriente Basús. Taurus. Madrid, 2011. 494 páginas.

No acabamos de decidirnos a favor ni en contra de la vida urbana. Desde el mismo momento de la invención de la ciudad sus moradores las han venerado, sin que faltaran quienes las aborrecían. Las maldiciones bíblicas contra Babilonia, la Gran Ramera, no son precisamente de ayer mismo. Poseemos una extraordinaria literatura sobre las ciudades, nunca libre del todo de esta inclinación a la desmesurada admiración o a la más abierta condena.

Fray Antonio de Guevara sabía bastante de esto cuando en 1539 dio a la imprenta su Menosprecio de corte y alabanza de aldea, sin decidirse demasiado ni por la una ni por la otra. En su siglo, el señor alcalde de Burdeos, Michel de Montaigne, amigo grande de la vida rural, nunca se distanció de la capital gascona ni dejó de sentir por París cariño y lealtad política. Las cosas se irían agriando, sin embargo, a medida que la ciudad se convertía en un pozo de vicios, o de tumulto revolucionario, como lo vio Thomas Hobbes en su poco leído Behemoth, nombre de un monstruo bíblico, dedicado a un Londres levantisco. (Aunque el otro monstruo, el Leviatán, ya abarcaba según él a toda la sociedad humana, campesinos inclusos). Para los buenos puritanos, la única ciudad buena era la Jerusalén prometida: las otras sólo acopiaban vicios. Tanta maldición culminaría con la idealización del campo y de la vida rural propia del mayor error romántico. A menudo se esconde bajo el llamado "descubrimiento de la naturaleza" desencadenado por el arte y en la filosofía por las ensoñaciones de Rousseau. A los románticos, tan amigos del desafuero, no se les ocurriría otra cosa que condenar las ciudades, sobre todo a medida que avanzaba el mundo industrial y el humo, el hollín y la miseria proletaria las invadía. Friedrich Engels pergeñó el clásico de la urbanofobia en su inmortal ensayo sobre Manchester, de 1844. Los bolcheviques, que no en vano hicieron la revolución con sus ideas, pensaron que en el mundo del comunismo del futuro deberían desaparecer las ciudades -por mor de eliminar la "contradicción entre la ciudad y el campo"- y ello explica que los primeros urbanistas soviéticos propusieran la desurbanización sistemática. No era idea descabellada: la Ciudad Lineal madrileña o las New Towns inglesas son hoy ecos de un esfuerzo parejo. Como los son hoy no pocos suburbios ajardinados, dependientes del automóvil, en incontables ciudades americanas, pero también europeas.
La ciencia social no ha sido nunca ajena a estas preocupaciones urbanas. A ella debemos algunas de las mejores reflexiones y propuestas. El ensayo de Fustel de Coulanges sobre la ciudad antigua, de 1864, una de las mayores reflexiones sobre la naturaleza de la ciudad, podría ser leído con provecho por más de un arquitecto o urbanista atolondrado, y no digamos La Metrópolis y la vida del espíritu de Georg Simmel, de 1903, o los escritos sobre la ciudad de Max Weber, junto a La ciudad en la historia, de 1961, posiblemente el mejor tratado sobre el asunto, que valió a su autor, Lewis Mumford, hombre de letras, la pertenencia a las asociaciones de arquitectos más selectas e incluso a los grandes premios de su arte.
Junto a esos clásicos sigue habiendo buenas razones para recomendar a nuestros planificadores un conocimiento somero de lo que aportó la Escuela de Chicago a la sociología urbana. De una crítica a aquel esfuerzo, fruto del progresismo norteamericano anterior a la II Guerra Mundial, se ha alimentado buena parte del pensamiento urbano posterior, con resultados desiguales. La lucha contra el peligro de la formación de guetos, la excesiva segregación por clases sociales o razas, los procesos de degeneración de barriadas enteras y la aparición de reductos para ricos en la ciudad capitalista moderna han encontrado mucha munición vía Chicago. (Algunos han querido criticar la célebre escuela aduciendo que olvida los "movimientos sociales urbanos", que es lo que presuntamente importa. Como si hubiera en el mundo moderno movimientos que no lo fueran. Cierto es, la guerrilla montaraz tuvo su momento -en Cuba por ejemplo- pero hoy, en todo el mundo musulmán, toda revuelta es urbana, por definición. Y los indignados, hoy también, han ocupado los núcleos emblemáticos de las ciudades españolas).
La lucha contra los males endémicos de la ciudad ha marcado por mucho tiempo una tendencia esencial en el mundo del urbanismo. Muchos pensaron que la solución era la intervención en la ordenación del territorio urbano, y así conseguían que actuaran las autoridades. Hoy la regulación, la zonificación, la calificación y recalificación están por doquier a la orden del día. Cuando aciertan, el resultado puede ser beneficioso para los moradores. Cuando no, los daños son difíciles de calcular. Las tendencias sociales -migraciones, huida de las ciudades de los grupos más dinámicos, la formación de núcleos favorables a la delincuencia- pueden ser bastante catastróficas.
Los fracasos han sido aleccionadores. Así, no hace mucho que los urbanistas han redescubierto las virtudes de la ciudad densa y castiza, la que otrora se quería ruralizar, esponjar, o dotar de grandes espacios, con avenidas imponentes, plazas más o menos "duras", parques inmensos, y vivienda asequible en grandes bloques de pisos rodeados de verdura. Esa idea ha gozado de buen predicamento entre arquitectos de la Europa meridional que han redescubierto los encantos y la calidad de vida de la ciudad mediterránea, de la "ciudad compacta". Ahora resulta que ni Génova, ni Atenas, ni Valencia están tan mal. Y ahora con El triunfo de la ciudad, del urbanólogo norteamericano Edward Glaeser, profesor de economía en Harvard, este redescubrimiento encuentra una curiosa síntesis, que quiere solucionar los problemas que plantea el exceso de planificación cuando derrota las tendencias espontáneas de la población, sin por ello caer (del todo) en una suerte de neoanarquismo urbano.
Su bestia negra son las políticas públicas urbanas que van contra aquellas corrientes más o menos inexorables. ¿Por qué salvar Detroit o Liverpool de su decadencia? ¿Por qué inyectar dinero y recursos contra lo inexorable? Cuando el huracán Katrina destruyó Nueva Orleans, ¿qué sentido tenía reconstruirla tal cual, gastando billones de dólares? ¿No era mejor subvencionar a las víctimas, generosamente, para que se marcharan a donde les pluguiera? Seguramente irían a engrosar otras ciudades, a dinamizarlas con savia nueva, piensa Glaeser.
Las ciudades, con sus centros urbanos -plagados de rascacielos en Toronto, México, Nueva York, Buenos Aires, Chicago- algo caóticos, vibrantes, intensos son la solución, y no el problema. Engendran calidad de vida de incontables ciudadanos. Las calles y barrios circundantes, también. ¿Por qué dispersar, suburbanizar? ¿Por qué no atraer talento, o promover políticas públicas para incrementar su vitalidad? La más importante -y en esto la faz progresista y claramente distanciada de todo anarquismo aparece en los argumentos de Glaeser- es la educación, las escuelas. Unas buenas escuelas primarias y secundarias en los centros urbanos atraen a clases profesionales jóvenes que buscan, ante todo, una escolarización decente para sus hijos. A su vez, el flujo de las clases medias profesionales y ambiciosas a la ciudad revitaliza los barrios en que se instalan y mejoran el transporte público, que es el que importa.
Este canto a la ciudad como tal -el título es el de El triunfo de la ciudad, no "de las ciudades" como reza el de la versión castellana- insiste en la importancia de potenciar la vida de sus gentes, no la de la ciudad misma. "Ayudemos a los pobres, no a las ciudades pobres", reza una de sus frecuentes expresiones de lapidaria sencillez. El encanto de este docto y a la vez ágil tratado de urbanismo es que también lo es de urbanidad. Vinculado por un lado con la actitud tradicional de la izquierda -y contra las fuerzas del egoísmo que no quieren para su barrio servicios molestos que es menester instalar en algún lugar- se mantiene fascinado por la tendencia de las gentes a hacer su vida y montar su hogar como les place y donde les place. Tal vez no haya resuelto esta imposible y vieja contradicción. Pero es imposible salir indiferente, ni llenos de estímulos, de una reivindicación tan feliz del modo urbano de convivir.

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